¿Cuestión de TIEMPO? - Rafael Marín Galvín

¿Cuestión de TIEMPO?

08/04/2018

¿Cuestión de TIEMPO?


Rafael Marín Galvín

Rafael Marín Galvín

  • Jefe de Control de Calidad y Medio Ambiente - Director Gestión de Sistemas en EMACSA
  • Coordinador del Grupo de Inspección Vertidos y Laboratorio de la Comisión V de AEAS


 
"A todos los que, de una u otra forma nos dedicamos a la gestión de residuos, o más bien de todos aquellos subproductos generados en cualquiera de las múltiples actividades humanas, nos preocupa el día siguiente, o el mes siguiente, o el año siguiente. Y mucho. Y me explico..."
 
En concreto, fijémonos dentro del panorama general de lo que hemos denominado subproductos (tal vez incluso residuos, sólidos, líquidos o gaseosos) a los asociados al ciclo integral del agua en sus dos vertientes, producción de aguas de consumo y depuración de aguas residuales.
 
En cuanto a los primeros, generalmente ricos en metales del tipo de hierro y aluminio, especialmente el último, cuyas sales y compuestos se emplean para clarificar aguas brutas, se encuadran dentro de los calificados como lodos hidróxidos.
 
Con modesto contenido en materia orgánica y mínimo interés como subproductos valorizables de reutilización, pueden ser compactados en las propias ETAP, gestionándolos después como productos inertes destinados a integración en otras matrices de uso cerámico, aglomerante, etc., o incluso almacenados en depósitos controlados.., acumulándose en el terreno, agotando a largo plazo la disponibilidad de suelos potencialmente destinados a otros fines e incrementado el potencial contaminante de los mismos.
 
Con relación a los lodos de depuración procedentes de las depuradoras de aguas residuales, tienen una valorización acaso más inmediata vía digestión anaerobia y cogeneración, con la obtención de biogás, un combustible valioso con el que reducir la factura ambiental y energética de nuestra sociedad.
 
Por otro lado, el empleo de los lodos de depuración no digeridos como fertilizantes primarios o como reforzante de fertilizantes tradicionales (dado su alto contenido en materia orgánica, nitrógeno, fósforo y potasio) es una opción prometedoramente desarrollada y ya llevada a cabo en muchos casos desde hace varios años.
 
Dada la circunstancia del aprovechamiento de los lodos para producción de energía eléctrica, vía cogeneración, y si bien podemos convenir en que el ahorro energético puede ser importante (y lo es), el largo plazo de un combustible como el biogás es per se la producción indeseada de dióxido de carbono, conocido gas de efecto invernadero que alimenta el motor del calentamiento global actual.
 
Paralelamente, las cenizas residuales de la digestión se constituirán en otro residuo con poca capacidad de valorización y un horizonte contaminante a largo plazo incuestionable.
 
Será cuestión pues, de tiempo, que la contribución de esta fuente energética provoque incrementos indeseables de la factura ambiental que las sociedades avanzadas se autoimponen para mantener el nivel de vida occidentalizado que impera a escala mundial.
 
En el caso del aprovechamiento agrícola, la restricción aplicable para el uso agronómico se deduce del potencial contenido en metales pesados de estos lodos, o incluso el más recientemente puesto de manifiesto de su potencial contenido en compuestos orgánicos de los denominados compuestos emergentes, dentro de la conocida denominación, derivada de la legislación vigente, de sustancias prioritarias, peligrosas prioritarias y preferentes.
 
Recuérdese al efecto, que se definen como sustancias prioritarias peligrosas aquellas que son tóxicas, persistentes y bioacumulables (se siguen los criterios generales europeos). Por su parte, las sustancias prioritarias son las que presentan un riesgo significativo para el medio acuático, incluidos los riesgos para las aguas utilizadas para captación de agua potable.
 
Finalmente, las sustancias preferentes son las que presentan un riesgo significativo para las aguas superficiales españolas en base a su toxicidad, persistencia y bioacumulación. Todas estas definiciones se trasladan de las conocidas normas de calidad ambiental aplicables en nuestro país.
 
Supuesto el cumplimiento (como no puede ser de otra forma) de los límites que en cada momento fuesen los imperativos sobre metales y sustancias prioritarias y afines (cuando existan) en los lodos empleados en agronomía, es indudable que se producirá un lento y sostenido proceso de acumulación de microcantidades de compuestos con potencial tóxico ambiental, no desedeñable a largo plazo.
 
En otro orden de cosas, asistimos con bastante dosis de escepticismo, tal vez perplejidad, a la continua verbena (permítaseme el calificativo) que supone la imposición de limitaciones en sustancias con incidencia ambiental (a este respecto, cualquier sustancia que en origen no se encuentre como tal o cuya concentración supere a la de base de cualquier ecosistema es un contaminante ambiental) en aguas, especialmente en aguas residuales urbanas.
 
Se trata de limitar el acceso de estas sustancias al medio puesto que su llegada al mismo se produce desde las aguas residuales urbanas, las cuales se encargan de recoger todos los desechos generados tanto en nuestras industrias, comercios, como en nuestros propios domicilios, y que a causa precisamente de su creciente presencia en las aguas residuales urbanas, en muchas ocasiones, son difícilmente eliminables de las mismas.
 
En repetidas ocasiones ha sido tratado el tema de la inconsistencia de limitar parámetros contaminantes en aguas residuales urbanas, cuando más del 75 % del volumen de las mismas está integrado por aguas de procedencia doméstica, y poner limitaciones a los usos domiciliarios, es simplemente, una estupidez.
 
¿Alguien sabe cómo controlar la emisión de tricloroetileno en casa de Don Zutano apoyándose en una difusa normativa ambiental nacional, autonómica o municipal?
 
Puesto que si en las grandes superficies y supermercados habitualmente se comercializan verdaderas bombas de relojería ambiental bajo la etiqueta de limpiahogar, lavavajillas, detergente, cosmético, dentrífico, insecticida doméstico, toallita húmeda.., que el ciudadano compra sin ninguna restricción, el propio ciudadano feliz se convierte en el infeliz malo de la película: es una fuente incontrolada de residuos nocivos ambientalmente arrojados sin más por su saneamiento doméstico. Y ojo: seguro que en su conciencia no carga con este estigma, pues, simplemente, lo desconoce.
 
Se ha repetido hasta la saciedad: hay que controlar en origen, hay que comprometer a la industria al uso de sustancias con menor incidencia ambiental, hay que modificar la elaboración de productos hacia otros ambientalmente más limpios.., hasta que tras un tiempo (dos, tres, cinco años) nos percatamos de que el sustitutivo de un contaminante dado es igualmente lesivo (acaso más) para el entorno que el contaminante al que en su momento sustituyó (léase, por ejemplo, el reciente caso del glifosato, actualmente fitosanitario estrella).
 
Por cierto, un inciso a este tema: desde la propia Unión Europea se es consciente de la toxicidad del compuesto, pero.., se le ha fijado una moratoria en su uso por, bueno, digamos que para encontrarle un sustituto menos contaminante (no creo que por espúreos intereses comerciales, por supuesto..).
 
Y para completar el escenario algo de química: la entropía de un sistema siempre crece, o dicho de una forma menos académica, los residuos (más estables) siempre son la fase final de un compuesto y cuando los residuos se producen, siempre van lentamente acumulándose en el entorno, siempre hay alguna fracción no valorizable, siempre el último reducto se convierte en un condensado de sustancias de alto potencial contaminante.., con el que llegado el momento no sabemos, hasta la fecha, qué hacer con una visión de futuro sensata. ¿Es cuestión de tiempo?
 
Un poco negro el horizonte ¿no? La economía circular, tan en boga en los tiempos actuales, es sin duda una opción totalmente válida para gestionar de una manera razonablemente limpia todo lo que comporta el ciclo integral del agua y valorizar subproductos. Durante un tiempo..
 
Al final iremos acumulando el resto de residuos no valorizables, altamente contaminantes, en nuestras aguas libres, en nuestros suelos, en nuestro aire, lo que desgraciadamente hará que el medio se torne en un entorno peligroso, no tanto para el planeta como para el propio ser humano.
 
¿No hay solución? Sin duda: si el hombre ya descubrió el camino para transportar cargas a distancia, para comunicarse a distancia, para transformar mediante complejos sistemas tecnológicos las materias primas en productos que mejoran su vida..
 
Debe invertirse esfuerzo, innovación, lucidez mental y genio, por qué no, en encontrar un repositorio o varios, permanentes y seguros, para todos los residuos inservibles que el hombre genera. Y en un horizonte de no más de 80-100 años.
 
¿Habrá que construir almacenes de alta seguridad a diestro y siniestro, como los empleados para los residuos radiactivos? ¿Servirá para algo la carrera espacial? Tal vez, al final, sea cuestión de tiempo.., y ya no tengamos demasiado.
 
 
Rafael Marín Galvín
 
 

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