Disgregando al MONSTRUO de las cloacas. Soluciones al problema de las toallitas - Francisco Escribano Romero

Disgregando al MONSTRUO de las cloacas. Soluciones al problema de las toallitas

18/10/2016

Disgregando al MONSTRUO de las cloacas. Soluciones al problema de las toallitas


Francisco Escribano Romero

Francisco Escribano Romero

  • Jefe del Departamento de Vertidos Industriales de EPSAR – Generalitat Valenciana
  • Miembro del  del Grupo de Inspección Vertidos y Laboratorio de la Comisión V de AEAS
  • Licenciado en CC. Químicas, Esp. Química Industrial


Toallitas, papel higiénico húmedo, wet wipes, non woven. Hasta hace poco tiempo estos términos no eran conocidos por el gran público. Sin embargo esto ha cambiado, y mucho.
 
En la búsqueda por comercializar productos diferenciables de la competencia, se descubrió un nicho de mercado que permitía ir mucho más allá del papel higiénico tradicional, un mercado que ronda los 500 M€ anuales, donde a la suavidad de la celulosa le siguió la doble capa, la triple capa, el perfumado, etc., y así hasta diseñar el que podría ser el complemento perfecto al papel higiénico, el que garantizaría la higiene máxima. Así nacieron las toallitas húmedas, como un complemento a los productos de higiene ya existentes.
 
Sin embargo, su éxito fue tal que en muchos casos ya se publicitan y emplean no como un complemento, ahora son el producto definitivo, el producto estrella. Y tanto es así que se han explorado y abierto nuevas aplicaciones para las toallitas: desinfectantes, para desmaquillar, para broncearse, para la limpieza de las gafas, del cuarto de baño, de la cocina, de superficies metálicas, etc.
 
De manera que hemos de tenerlo claro, las toallitas han venido para quedarse.
 
Sin embargo, la aparición de nuevos productos puede traer consecuencias no esperadas inicialmente, como es el caso de los problemas asociados a su eliminación. En este sentido, las empresas fabricantes de toallitas determinaron que para facilitar su introducción en los hábitos higiénicos diarios de todos los hogares, y dado que se trataba de productos biodegradables, se podría recomendar su eliminación a través del inodoro, sin tener en cuenta dos cuestiones fundamentales:
 
  • La biodegradabilidad del producto superaba en mucho el periodo máximo que iba a estar la toallita en la red de saneamiento y depuración. Desde que abrimos el grifo de nuestra casa hasta que el agua sale de la depuradora hacia el cauce receptor correspondiente, pueden pasar unas 24 horas (dependiendo del tamaño de la red de alcantarillado y del tiempo de retención hidráulico de la EDAR receptora), sin embargo, una toallita puede necesitar unos 30 días para su biodegradación, sin contar con aquellos otros componentes de naturaleza no biodegradable, como el poliéster o polipropileno, que permanecerán inalterables.
     
  • La naturaleza de sus componentes hace que la toallita no se disgregue durante la agitación a que se ve sometida en la red de saneamiento y tienda a engancharse y enredarse con otras toallitas o elementos y sustancias que pueda encontrar en su camino hacia la EDAR provocando los atascos y desperfectos que todos conocemos. Aquí destaca la gran afinidad que existen entre las toallitas y las grasas e incluso el hilo dental, que puede dar lugar a los conocidos como Fatbergs (a semejanza de los Icebergs), grandes bolas de grasa y toallitas que obturan colectores, y cuyo record lo ostenta el encontrado en la red de saneamiento de Londres de unas 10 toneladas de peso.
 
Todo esto se ve agravado por la mala praxis de los usuarios de las toallitas, que convencidos por los equívocos iconos del etiquetado de los envases, o bien simplemente por comodidad, ha llevado a que éstas sean eliminadas directamente por el retrete, dando como resultado el monstruo de las cloacas, nuestro particular Godzilla.
 


Sobrecoste provocado

 
AEAS cifró entre 4 y 6 € por habitante y año el sobrecoste originado por las toallitas en las redes de saneamiento españolas, unos 230 M€ al año, es decir, que por cada euro que gastamos los españoles en papel higiénico, las toallitas generarían 0’5 € de sobrecoste en las redes de saneamiento. Pensemos que sólo en la ciudad de Valencia se retiran unas 150 toneladas al año, sin contar las que llegan hasta las depuradoras de la capital y son retiradas junto con el resto de residuos del desbaste, incrementando considerablemente su volumen y el coste de su eliminación. Por su parte, EUREAU elevó esta cifra hasta los 1.000 M€ al año en toda Europa.
 
Este es el impacto económico que supone sobre las arcas públicas, pero hay un factor económico que no siempre se tiene en cuenta, y que sobre el que deberíamos insistir si queremos concienciar a la ciudadanía de este problema: Los primeros perjudicados económicamente son los domicilios particulares, y sobre todo las comunidades de vecinos que han visto como en los últimos tiempos se han disparado las llamadas a las empresas de desatascos por las obstrucciones de las bajantes de sus edificios provocadas por las toallitas con el consiguiente coste directo para los vecinos.
 
Todo esto lleva a una situación insostenible en la que las autoridades y los propios gestores de las redes de saneamiento buscan soluciones. Hace tan solo un par de semanas, en España se adhirieron más de 70 organismos y empresas de saneamiento a la “Declaración sobre la posición del sector internacional del agua respecto a los productos no aptos para desechar por el inodoro y aquellos etiquetados como aptos” donde participan entidades de otros países como Estados Unidos, Canadá, Japón, Francia, Australia, etc. Como se puede comprobar se trata de un problema global.
 


Posibles soluciones

 
Para resolver esta situación se han planteado varias líneas de ataque: En un primer lugar, se habló de prohibir la comercialización de las toallitas, algo que parece muy difícil de creer que llegue a materializarse por motivos evidentes. Aún a día de hoy, la ciudad de Nueva York está estudiando la posibilidad de establecer esta prohibición, pero aún no ha conseguido implantarla debido a las presiones del sector.
 
Siguiendo en los Estados Unidos, varios municipios importantes, como el de Minessota, así como usuarios particulares le dieron un enfoque jurídico-económico, y, han interpuesto demandas millonarias contra las grandes multinacionales del ramo, como Procter & Gamble, Kimberly-Clark o Johnson & Johnson, reclamando la indemnización por los daños y sobrecostes producidos en sus sistemas de saneamiento y por etiquetado engañoso en los envases, si bien es algo que está pendiente de resolución, y no está claro que se pueda demostrar qué toallitas, de qué marca y modelo han provocado dichas obstrucciones cuando, además, la defensa ha alegado que si se producen dichos atascos puede ser debido a la presencia de otros cuerpos extraños en la red por falta de mantenimiento de los colectores.
 
Esto es poco menos que decir que sus toallitas, y las marcas que las fabrican y su imagen pública, serían las víctimas del deficiente funcionamiento de las redes (no hay que olvidar que en los Estados Unidos es práctica habitual la utilización de trituradores de basura para evacuar los restos orgánicos domésticos a través de la red de saneamiento, lo que supone una mayor presencia de sólidos y sedimentos en sus redes de saneamiento).
 
Otro enfoque, esta vez de ámbito nacional, ha sido el incorporar en las Ordenanzas Municipales la prohibición expresa de tirar las toallitas por el inodoro. Esta solución tiene varios problemas en cuanto a la consecución de su objetivo:
 
  • La ciudadanía desconoce las Ordenanzas Municipales.
     
  • El control del cumplimiento de esta norma es de imposible ejecución. ¿Cuánto costaría la vigilancia de cada una de las conexiones procedentes de las viviendas de los vecinos del municipio?, y en caso de detectar que una toallita proviene de un edificio en concreto, ¿a qué vecino sancionamos?, y en caso de un atasco en la red, ¿de qué vivienda o viviendas proceden las toallitas que lo han provocado?
     
  • A resultas del punto anterior, cualquier persona que, en contra de lo indicado en el punto 1, llegase a conocer esta normativa, llegaría fácilmente a la conclusión de que no es preciso cumplir con este mandato, dada la imposibilidad de que su carácter coercitivo pudiera aplicarse a los culpables de deshacerse incorrectamente de las toallitas.
 
Pero más allá de estos enfoques al problema, hay una realidad que acabará por imponerse: Un sector que pretende comercializar un producto con un volumen potencial de negocio tan elevado no puede permitirse aparecer constantemente en los medios de comunicación con noticias negativas e imágenes de alto impacto visual sobre los efectos negativos que acompañan al uso de su producto. Están obligados a buscar una solución.
 
Y ahí es uno de los puntos en los que se debe hacer hincapié, asegurarnos de que la presión mediática ejercida sobre estos productos se mantiene el tiempo suficiente para asegurarnos de que las empresas productoras dedican los recursos necesarios para poner en los comercios nuevos productos inocuos para los sistemas de saneamiento.
 


Grupo de trabajo de AEAS

 
En el caso de España, desde AEAS, principalmente desde su grupo de trabajo de Inspección de Vertidos, llevábamos mucho tiempo intentando conseguir esta atención de los medios, y no fue hasta marzo de 2015 cuando lo conseguimos. Tal fue su impacto, que inmediatamente se interesaron por esta problemática el resto de medios, y hasta el día de hoy, tanto la prensa generalista y local, como las cadenas de televisión han venido informando de manera continuada de los distintos problemas que se han generado a lo largo de todo el país. Este puede ser considerado como el primer hito significativo en la consecución del objetivo final.
 
Hasta ese momento, y por las conversaciones mantenidas por entonces con distintos fabricantes, la solución no se veía cercana pues había un importante escollo: no se disponía de un soporte físico para las toallitas que permitiera una aplicación satisfactoria para el cliente y a la vez se disgregara con facilidad en la red de saneamiento, si bien esto ya suponía un avance, pues nos indicaba que la industria ya trabajaba en la búsqueda de soluciones. Es aquí donde llegamos al segundo hito, cuando una empresa española consiguió desarrollar un producto pionero a nivel mundial, compuesto de celulosa, al igual que el papel higiénico, que garantizaba que las toallitas cumplieran todas las características requeridas, tanto para su uso como para su eliminación. Como se suele decir, para derribar un muro, el primer ladrillo siempre es el más difícil.
 
Así se ha conseguido que alguna de las principales marcas nacionales haya comenzado recientemente a colocar en sus lineales toallitas disgregables, como es el caso de Ubesol, proveedor de toallitas de Mercadona, y es de esperar que el número de marcas que sigan este camino se vaya incrementando de manera paulatina.
 
Esto se ha conseguido a base del esfuerzo de muchas administraciones y empresas dedicadas al saneamiento y depuración de aguas, y de sus técnicos, que han identificado el problema, lo han presentado a la sociedad y han planteado soluciones, mantenido numerosas reuniones con las empresas cuyos productos nos han provocado innumerables problemas e incluso colaborando con ellas para alcanzar un punto en el que todos ganemos (win-win), bien con la resolución de las obstrucciones en la red de saneamiento, bien con el hecho de que aquellas empresas que se han implicado en la búsqueda de una solución puedan disponer de un producto que les diferencie de la competencia, y que sus equipos de marketing seguro sabrán aprovechar.
 
Pero este no es el final del camino, aún queda mucho trabajo por hacer, por una parte hay que asegurarse de que solamente sean desechables por el inodoro aquellos productos que realmente puedan serlo sin provocar ningún impacto negativo.
 
La solución está en conseguir que las toallitas destinadas a distintos usos tengan distintos métodos de eliminación según el caso. Así, aquellas que se usen en el ámbito de la higiene puedan, en su caso, eliminarse a través del inodoro, siempre que sean disgregables, y aquellas otras que se destinen a otros usos, como las relacionadas con aplicaciones estéticas o de limpieza de distintas superficies acaben en el cubo de la basura, para lo que, necesariamente, será precisa la colaboración de los usuarios.
 


Desarrollo de Normas ISO

 
En la actualidad se está trabajando en el desarrollo de una norma ISO que pueda determinar el grado de disgregabilidad de un producto desechado por el inodoro (flushability en inglés), pero mientras llega, o incluso como complemento a ésta, se pueden plantear otras soluciones de carácter nacional, como la creación de un sello de certificación que sólo puedan llevar aquellos productos que puedan ser desechados por el inodoro, emitido por una entidad independiente, como puede ser AEAS, a semejanza de otros productos certificados por asociaciones nacionales de salud dental, pediátrica, etc.
 

De igual manera, es importante poner el foco en el etiquetado de los productos, para asegurarnos de que sólo se indique que los productos que vayan al retrete sean aquellos que, efectivamente, puedan ir, para lo que habrá que revisar y corregir el etiquetado de la totalidad de los envases actuales.
 
Y en último lugar, y no menos importante: Hemos de conseguir que el usuario de las toallitas conozca perfectamente cuál es la consecuencia de su uso inapropiado, y recomendar la utilización de productos sin impacto negativo sobre las redes de saneamiento ya sean públicas o privadas. Para ello es importante que desde los distintos organismos afectados, administraciones y empresas gestoras de las redes de saneamiento, se realicen campañas de concienciación al respecto. En este sentido, dentro de lo que podríamos considerar un uso inapropiado deberíamos incluir también la utilización intensiva y/o exclusiva de este producto, cuando en realidad debería ser considerado como un complemento al papel higiénico tradicional y no su sustituto.
 
Así es como entre todos conseguiremos acabar disgregando al monstruo de las cloacas, si bien no hemos de confiarnos y darlo por muerto. Aún queda por evaluar la evolución del problema conforme se vaya generalizando el uso de las nuevas toallitas, así como estudiar otros aspectos relacionados con la composición de los productos impregnados en las toallitas y la presencia de microplásticos, el nuevo problema de contaminación en redes de saneamiento que ya está llamando a nuestra puerta.
 

Francisco Escribano Romero
 
 

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Comentarios Publicar comentario
19/10/2016
Antonio Matos Matos escribió:
¡Enhorabuena! Francisco por este interesante artículo y por tus reflexiones, parece que poco a poco el gigante mercado de las toallitas se está viendo obligado a recular y tomar conciencia del problema, a ver si también el usuario toma conciencia y entre todos podemos arreglar este problema que estamos pagando entre todos.

Un cordial saludo!

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