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El colapso de la red eléctrica, su afección a las infraestructuras y al crecimiento económico

24/02/2026

El colapso de la red eléctrica, su afección a las infraestructuras y al crecimiento económico


Manuel Jesús González

Manuel Jesús González

  • Civil & Rural Engineer

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"La situación de colapso de la red eléctrica nos va a traer muchos problemas en el corto plazo para todo tipo de instalaciones e infraestructuras"
 
En este artículo no hablo desde la ingeniería eléctrica ni desde la ingeniería industrial, no son mi especialidad. En este artículo hablo desde la experiencia de quien, por oficio y por proyectos, ha tenido que convivir con la red eléctrica más de lo que le correspondería por titulación. Y hay un runrún que cada vez suena más fuerte, siempre ha estado ahí, pero en los últimos años se ha vuelto constante, y desde el apagón me parece ya imposible de ignorar. No es un matiz técnico, es un condicionante de fondo, no vamos a poder conectar nuevas infraestructuras, y en muchos casos ni siquiera plantearlas con seriedad, porque faltará potencia firme y un punto de suministro eléctrico viable. No son divagaciones y en este artículo pondré datos extraídos de fuentes públicas, REE, distribuidas, etc.
 
Por encima de debates técnicos, planes estratégicos y titulares grandilocuentes, hay una pregunta que se repite en despachos, obras y mesas de planificación de jefes de obras o jefes de explotación o servicio, una pregunta sencilla, directa, casi incómoda. Una pregunta que en los últimos tiempos, lejos de disiparse, se ha vuelto más complicada si cabe… ¿Dónde vamos o dónde puedo conectar a la red eléctrica la nueva instalación?.
 
En el mundo del agua, cuando se desarrollan nuevas infraestructuras hidráulicas, depuradoras, desaladoras, o la modernización de comunidades de regantes, aparece siempre un punto crítico, decidir dónde conectar al sistema eléctrico nuestra nueva instalación, y en qué condiciones hacerlo. La neutralidad energética y la incorporación de energías renovables, como la fotovoltaica para autoconsumo en las propias instalaciones, o la codigestión en grandes EDAR, son herramientas fundamentales, y cada vez más inevitables a medida que madura la tecnología y se consolidan las exigencias regulatorias. Pero no basta con dejarse llevar por la etiqueta de lo renovable, ni con asumir sin más un modelo de generación en el punto de consumo, lo que está en juego es la robustez del sistema, su capacidad real para producir, inyectar, usar, captar, y responder cuando cambian las cargas y las necesidades, en otras palabras, una planificación seria de la red de distribución que permita crecer de manera sostenible y coherente.
 
Porque la alternativa es la desidia, un avanzar sin margen, sin refuerzos y sin criterio, como quien fuerza una máquina hasta el límite y finge no oír los avisos, ese camino conduce al colapso del sistema eléctrico.
 
 

Avisos palpables antes del colapso

 
Todos tenemos en la memoria el apagón del 28 de abril de 2025, que pronto cumplirá un año, y que, si se quiere analizar con profundidad, exige ir más allá de muchos relatos públicos, a menudo edulcorados y con poco rigor técnico. Para entender qué ocurrió de verdad conviene leer a especialistas que ponen negro sobre blanco y señalan las costuras del sistema eléctrico, especialmente en la red de distribución y su interacción con el transporte.
 
Desde ese enfoque técnico, el mecanismo dominante no fue un problema de frecuencia ni, en esencia, una cuestión de falta de inercia, sino un colapso del control de tensión asociado a un desequilibrio de potencia reactiva en condiciones operativas especialmente exigentes.
 
Para entender bien lo que ha pasado, y no nos han contado públicamente, hay que irse a los que realmente sabe. Un interesante artículo de Fernando Rodríguez Puertas y Mateu Oliver Monserrat, publicado por el Consejo General de Colegios Oficiales de Ingenieros Industriales, pone el foco donde de verdad duele, en la gestión de la tensión y de la potencia reactiva en un sistema con alta penetración renovable, y en la necesidad de que el control dinámico de tensión deje de depender casi en exclusiva de la generación síncrona. Su lectura ayuda a encajar el episodio del 28 de abril como una secuencia de degradación de márgenes operativos, más que como un simple fallo puntual, y completa, desde una óptica técnica e independiente, el diagnóstico oficial posterior.
 
También me he basado en la nota oficial de REE, Red Eléctrica de España, Redeia, Nota de prensa e informe del incidente del 28 de abril, 18 de junio de 2025, disponible en este enlace.
 
Para entender el fallo hay que partir del cambio estructural del sistema eléctrico en las dos últimas décadas. Entre 2004 y 2024 el parque de generación creció con fuerza, pero la demanda apenas aumentó y la punta se mantuvo prácticamente estable. El cambio relevante fue cualitativo, la generación convencional pasó de dominar el mix a tener un peso similar al de las renovables no convencionales, principalmente eólica y fotovoltaica. Este giro dejó al sistema con menos máquinas síncronas acopladas en muchas horas y, sobre todo, con menos capacidad “natural” de regulación dinámica de tensión, que históricamente descansaba en esas unidades convencionales.
 
Desde el punto de vista técnico conviene separar potencia activa y potencia reactiva. La activa determina el equilibrio de frecuencia, mientras que la reactiva gobierna el perfil de tensiones en los nudos de la red. Cuando falta reactiva la tensión cae, cuando sobra la tensión sube. En redes con baja demanda y alta generación, las líneas de transporte poco cargadas tienden a comportarse de forma capacitiva y a “generar” reactiva, elevando tensiones por efecto Ferranti. Esto obliga a disponer de capacidad de absorción de reactiva, ya sea mediante equipos de compensación o mediante la propia regulación de los generadores.
 
El marco operativo que estaba vigente, el PO 7.4 diseñado para un sistema mayoritariamente convencional, asignaba el control dinámico de tensión de forma efectiva a la generación síncrona, mientras que gran parte de la generación renovable operaba con consignas de factor de potencia prácticamente constante, sin responder de forma equivalente a consignas dinámicas del Operador del Sistema. Con una penetración renovable elevada, ese reparto se volvió estructuralmente insuficiente.
 
El día del incidente coincidieron baja demanda, alta irradiación y una elevada cuota renovable en servicio. En la franja previa se registraron oscilaciones de tensión y se ejecutaron maniobras de estabilización que, aunque necesarias, redujeron el margen de actuación posterior al disminuir recursos disponibles para absorber reactiva en ese momento. Entre aproximadamente las 12:03 y las 12:23 se encadenaron eventos críticos con oscilaciones forzadas y pérdidas de generación por disparos, incluyendo disparos que se produjeron sin alcanzarse los umbrales previstos por la normativa aplicable. Paralelamente, parte de la generación obligada a contribuir al control de tensión no absorbió la reactiva exigible. El resultado fue un aumento de tensión que terminó activando protecciones de sobretensión en cascada, hasta el colapso total del sistema en torno a las 12:23. Por cierto, que prácticamente me deja encerrado en un ascensor por escasos segundos, fui desde luego un afortunado.
 
Tras el apagón se implantó una operación reforzada, forzando mayor presencia de generación convencional para recuperar capacidad de control dinámico de tensión, con impacto en costes, y se identificaron líneas de actuación claras, extender el control dinámico de tensión a toda la generación incluida la renovable, reforzar compensación dinámica en nudos críticos mediante STATCOM y compensadores síncronos, y realinear márgenes y criterios operativos con estándares europeos.
 
 

Cómo funciona la red electrica

 
La red eléctrica de España puede entenderse como un sistema mallado y jerárquico que transporta energía desde los centros de generación hasta los puntos de consumo manteniendo, en cada instante, el equilibrio electromecánico del conjunto. En la capa superior está la red de transporte, operada a escala nacional por Red Eléctrica de España, REE, integrada corporativamente en Redeia, que actúa simultáneamente como transportista y operador del sistema, coordinando en tiempo real la producción y el consumo porque la electricidad, salvo almacenamiento limitado, no se acumula y cualquier desequilibrio sostenido compromete la estabilidad.
 
 
 
En términos físicos, el transporte utiliza líneas y subestaciones de muy alta tensión para minimizar pérdidas y mover grandes bloques de potencia, y se articula mediante nudos donde se mide, se protege, se conmuta y se transforma la energía. El punto crítico de acoplamiento entre transporte y distribución es la subestación, donde se realiza la transformación de tensión y se materializan los puntos de conexión de grandes consumos y de generación distribuida, de ahí que, cuando crecen las solicitudes o se concentran en una zona, el cuello de botella no sea solo “el cable”, sino la capacidad técnica y operativa del nudo y sus posiciones.
 
Contenido del art?culo
 
 
Por debajo del transporte está la distribución, gestionada por distribuidoras zonales que explotan redes de alta, media y baja tensión que llevan la energía hasta industrias, regadíos y hogares, incluyendo centros de transformación, líneas urbanas y rurales y equipos de medida. El usuario puede elegir comercializadora, pero no distribuidora, porque la distribución es un monopolio natural por área geográfica y la infraestructura es única en cada zona.
 
 
 
La comercialización, por su parte, no mueve energía, sino que gestiona el contrato, la facturación y la relación comercial, mientras que el flujo físico lo determinan transporte y distribución. Aunque esto ya es desde el punto de tu contrato para pagar consumos y potencias.
 


¿Y cómo conecto mi nueva instalación? 

 
Cómo decía antes, soy un profano en la materia, pero me ha tocado más de una vez pedir nuevos CUPS y tramitar puntos de suministro para instalaciones de cierto tamaño, de esas que exigen una línea de media tensión, normalmente 15 kV o 20 kV, para alimentar, por ejemplo, nuevos bombeos. Y ahí el director de obra, aunque no sea ingeniero eléctrico, no puede limitarse a “pedir luz”, tiene que orquestar un proceso técnico administrativo que condiciona plazos, presupuesto y hasta la viabilidad del proyecto.
 
Lo primero es definir con precisión la demanda y el esquema de conexión, potencia prevista, perfil de funcionamiento del bombeo, si habrá variadores, factor de simultaneidad, previsión de ampliación, y el nivel de tensión objetivo. Con eso, se identifica el entorno eléctrico disponible, la subestación o línea cercana, y el tipo de acometida que probablemente tocará ejecutar, aérea o subterránea, longitud aproximada, y si será necesaria una nueva línea de MT, un nuevo centro de transformación, o la ampliación de uno existente. A partir de ahí, el paso clave es solicitar a la distribuidora el permiso de acceso y conexión y el punto de conexión, porque sin esa respuesta formal no hay proyecto eléctrico serio, solo hipótesis.
 
En España no eliges distribuidora, te toca la que opera en tu zona. En Andalucía es e-distribución. La tramitación se hace casi siempre por su portal, que en teoría es sencillo y técnico, y en la práctica obliga a llevar los deberes hechos, memoria de la instalación, potencia solicitada, ubicación, coordenadas, titularidad, esquema unifilar preliminar, y, cuando aplica, justificación de la necesidad de MT. Desde ahí, el director de obra debe gestionar tres frentes a la vez. Un contacto amigable, empáctico y cercano (ironía ON) a través de este portal.
 
 
 
 
1. Primero, la ingeniería, encargar el proyecto de línea y centro de transformación conforme a reglamentación, con sus cálculos, protecciones, puesta a tierra, y coordinación con la red existente.
 
2. Segundo, la administración, permisos de obra, servidumbres o autorizaciones de paso si hay trazado exterior, licencias municipales, y, si procede, autorizaciones sectoriales.
 
3. Tercero, la ejecución y puesta en servicio, contratar a instalador habilitado, coordinar pruebas, documentación final, certificados, y la inspección que corresponda antes de energizar.
 
Debes tener claro a que nodo puedes o quieres solicitar conectarte, para ello nada mejor que consultar esta parte de la web Nodos de capacidad de red
 
 
Cuando la distribuidora responde, la clave es leer bien las condiciones técnicas, porque ahí aparece lo que de verdad manda, el nudo asignado, el nivel de tensión, el alcance de obra que asume el solicitante, posibles refuerzos y plazos, y si la conexión queda condicionada a actuaciones en red. Solo entonces, con un poco de suerte, con una serie de alineaciones planetarias, se puede cerrar una planificación realista y un presupuesto coherente para poder intentar conectarte.
 
 

¿Y en Andalucía puedo conectar mis nuevas instalaciones?

 
"La respuesta corta es incómoda, en muchos casos, con muchísima dificultad, y en no pocos, directamente no."
 
Los datos publicados por e Distribución en febrero de 2026, los más recientes disponibles en ese momento, dibujan algo más serio que una saturación puntual, describen una red de distribución que opera sin margen. En Andalucía se inventarían 822 nudos, y solo 35 muestran capacidad firme disponible. Traducido a números, la saturación media roza el 98 por ciento, con unos 11 691 MW ya comprometidos frente a unos 219 MW disponibles, además repartidos de forma muy desigual y concentrados en pocos puntos. Es decir, no estamos ante un problema de “alguna zona concreta”, sino ante un patrón regional, la red está prácticamente llena y el hueco que queda es pequeño, fragmentado y difícil de aprovechar.
 
 
 
Si se baja a escala provincial, el diagnóstico es todavía más claro. Almería aparece sin nudos con capacidad firme disponible. Málaga, igual. Sevilla, pese a ser la provincia con una red más densa y más nudos identificados, muestra capacidad en un único punto, del orden de 24 MW, frente a varios miles ya comprometidos. Jaén se mueve en valores de saturación próximos al colapso. Huelva presenta algo más de holgura, con unos 55 MW repartidos en cuatro nudos, lo que en términos absolutos sigue siendo un margen muy limitado cuando se habla de proyectos medianos o grandes, y además depende de dónde estés y de a qué nivel de tensión puedas conectarte.
 
Esta situación no afecta solo a grandes complejos industriales. Afecta a cuestiones mucho más cercanas a la economía real de Andalucía. Afecta a la modernización de regadíos que pasan a bombeos más eficientes, pero más electrificados. Afecta a ampliaciones de EDAR y a nuevas impulsiones que elevan la potencia instalada. Afecta a estaciones de bombeo, infraestructuras de tratamiento, centros logísticos, instalaciones agroalimentarias y, en general, a cualquier proyecto que necesite potencia firme, continuidad de servicio y plazos de conexión compatibles con la ejecución de obra.
 
Además, el marco regulatorio endurece el problema desde el minuto cero. En nudos donde la capacidad publicada es cero, la solicitud puede ser inadmitida sin entrar siquiera en un estudio técnico detallado. No es una cuestión de discutir soluciones de ingeniería caso a caso, es que el procedimiento cierra la puerta cuando el nudo se declara sin capacidad. Y si la conversación no empieza, no hay planificación posible, ni licitación seria, ni cronograma realista.
 
El impacto económico es directo. Basta mirar dónde se están localizando los proyectos electro intensivos, especialmente los que exigen decenas de MW con suministro firme y redundante. Si una región no puede ofrecer puntos de conexión viables, las inversiones se desplazan, no por falta de demanda, ni por falta de suelo, ni por falta de talento, sino por ausencia de infraestructura habilitante. En ese contexto, Andalucía compite con desventaja, porque incluso cuando el proyecto es técnicamente sólido y financieramente viable, se atasca en la pregunta más básica, dónde me conecto.
 
 
 
Vamos a tener un problema serio, y además a corto plazo, porque el cuello de botella ya no es el proyecto, ni el suelo, ni la financiación, es algo más básico y más duro, la imposibilidad de enchufarse a la red con potencia firme. Y lo más llamativo es que se habla poco, o se habla en voz baja, como si fuese un asunto técnico menor, cuando en realidad es un freno directo a la inversión y a la ejecución de infraestructuras esenciales. En Andalucía el síntoma es evidente, proyectos que en otras regiones despegan aquí ni siquiera arrancan, no por falta de interés, sino porque no hay nudo disponible donde conectarlos. El caso de los centros de datos es especialmente ilustrativo, porque son un “termómetro” de la economía electrificada, si una zona no puede garantizar decenas de megavatios con continuidad y plazos claros, el proyecto se va a otro sitio sin discutir, pero lo mismo aplica a depuración, bombeos, industria agroalimentaria o cualquier ampliación relevante. La conclusión es incómoda pero clara, sin un plan urgente de refuerzo de red y subestaciones, la transición energética se convierte en un eslogan, y el crecimiento económico, en una promesa que se queda sin enchufe.
 
Sin nudo, no hay proyecto, y sin refuerzo de red, no hay futuro ni sostenible ni insostenible.
 
El problema de fondo no es solo la saturación actual. Es que la capacidad no aparecerá por generación espontánea, si no se refuerza la red, la curva no cambia. Hablamos de actuaciones concretas y caras, nuevas posiciones en subestaciones, ampliación de potencia de transformación, nuevas líneas, reconfiguración de mallas, automatización avanzada y, cuando procede, equipos de soporte de tensión y compensación. Sin esa inversión y sin una planificación que anticipe la electrificación creciente, la red seguirá operando al límite, y cada nueva instalación que no encuentre nudo será, sencillamente, una instalación que no se ejecuta aquí, o que se ejecuta más pequeña de lo que debería, o que se retrasa hasta perder su oportunidad.
 
 

Conclusiones

 
Me gustaría saber si el lector ha vivido esta situación, esa especie de caja negra en la que uno entra cuando necesita un punto de conexión, poca información clara, plazos que se dilatan, respuestas que no terminan de aterrizar en una solución. Y mientras tanto el reloj corre, la obra avanza, el presupuesto se cierra, la instalación queda lista, y el punto de conexión, sencillamente, no existe. Es como jugar a Perseguido, solo que aquí no hay espectáculo, hay penalizaciones, sobrecostes y proyectos que se quedan a medias.
 
La cuestión más que un enfoque meramente técnico, es estratégico. La nueva Directiva europea de aguas residuales urbanas fija una senda vinculante hacia la neutralidad energética del saneamiento, con hitos intermedios del 20% en 2030, 40% en 2035 y 70% en 2040, hasta alcanzar el objetivo de 2045, por tanto, durante dos décadas (siendo increíblemente optimistas) que seguiremos necesitando una red capaz de suministrar potencia firme y de absorber picos de consumo, justo cuando además se endurecen los requisitos de depuración y se amplía el perímetro de obligaciones. Y fuera del ámbito de la depuración, alguien me puede explicar cómo construimos y conectarnos nuevas potabilizadoras, desaladoras, impulsiones, bombeos de riego, cómo vamos a modernizar el regadío con criterios de eficiencia si la electrificación no tiene dónde apoyarse. Cómo vamos a atraer industria agroalimentaria, transformar el sector primario, o reforzar el tejido industrial si el paso cero, disponer de potencia firme y un nudo viable, se ha convertido en un obstáculo estructural. No se puede pedir competitividad a golpe de discurso si la infraestructura que lo hace posible está al límite o directamente cerrada.
 
Y entonces la pregunta incómoda es inevitable. ¿Hay una planificación real, con inversiones calendarizadas y objetivos medibles, para ampliar capacidad de subestaciones, reforzar líneas, automatizar la distribución y dotar al sistema de recursos de control de tensión y reactiva?. ¿Hay alguien tomando decisiones con visión de territorio, pensando en lo que Andalucía necesita producir, transformar y sostener en los próximos diez o quince años?. O vamos a normalizar este bloqueo como un mal crónico, hasta que el sistema nos devuelva, con otro episodio mayor, la factura completa.
 
A los hechos me remito, los signos de infarto ya se notaron hace un año. Y como diría Biff Tannen, ¿hola, hola, hay alguien en casa?, piensa McFly, piensa. La pregunta final no es retórica, ¿hay alguien en casa?, ¿qué hacemos?.
 
 
 
Y fuera de este toque de humor, lo digo también por experiencia, tengo en la cabeza varios proyectos que han estado paralizados meses, y en algún caso años, esperando un punto de conexión que no llegaba. Recuerdo incluso alguna depuradora en Huelva, terminada y lista para operar, pero parada por algo tan básico como la falta de conexión eléctrica. Esto ya era una realidad hace años, y con la saturación actual de la red lo único que ha hecho es agravarse. Por eso, cualquier nueva infraestructura o instalación que se ejecute, o incluso que se esté planificando hoy en España y especialmente en Andalucía, debería asumir una idea incómoda pero básica, uno de los pilares de su éxito será el punto de conexión y la potencia firme disponible.
 
Como dije al principio del artículo, no soy ingeniero industrial, y seguramente haya sido poco riguroso al desarrollar algunas ideas y conceptos, pero creo que era necesario poner esto encima de la mesa desde la experiencia de alguien que ha proyectado, ejecutado y explotado obras e infraestructuras hidráulicas en España. Estoy seguro de que muchos lectores tendrán en la cabeza situaciones parecidas, y es probable también que perfiles del ámbito eléctrico puedan darme la razón, o incluso refrendar mi hipótesis de partida:
 
"la situación de colapso de la red eléctrica nos va a traer muchos problemas en el corto plazo para todo tipo de instalaciones e infraestructuras".
 
 
Manuel Jesús González
 

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