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El día que todo se volvió más fácil

17/04/2026

El día que todo se volvió más fácil


Héctor Rey Gosálbez

Héctor Rey Gosálbez

  • Ingeniero Químico
  • Especialista de proceso 
  • Responsable del Área de Modelado y Simulación en EDAR de Walebublé

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"La pregunta no es si la IA sustituirá a los profesionales del agua. La pregunta es si, dentro de unos años, el profesional que no sepa integrarla con criterio quedará en desventaja competitiva"
 
Durante la carrera de Ingeniería Química viví una transición tecnológica que, vista hoy, resulta muy reveladora. En primero trabajábamos los programas de cálculo en entorno MS-DOS. Al año siguiente se implantó Windows 3.1. Para muchos supuso un salto enorme, no tanto por potencia, sino por accesibilidad: simplificaba el manejo y nos permitía centrarnos más en aplicar conocimiento técnico que en dominar el entorno.

Recuerdo a un compañero, experto en MS-DOS, que se resistía al cambio. Argumentaba que Windows “no te hacía pensar”, que eliminaba la necesidad de programar y que simplificaba en exceso. Con el tiempo quedó claro que la simplificación no redujo el nivel técnico. Al contrario, elevó el estándar general y amplió la base de usuarios capaces de trabajar con herramientas de cálculo con solvencia.
 
Hoy, el debate sobre la inteligencia artificial en el sector del agua tiene ecos muy parecidos.
 
En la comunidad Walebuble, con más de 1.000 profesionales, hemos analizado su impacto real a través de tres encuestas. Los resultados son interesantes y obligan a salir del discurso fácil.
 
 

La productividad mejora, pero sobre todo en oficina

 
En ingeniería y consultoría, cerca del 75 % de los profesionales afirma que la IA ha aumentado su productividad de forma moderada o clara. En explotación el impacto es sensiblemente menor y en construcción e instalación es prácticamente residual.
 
 
La lectura es evidente: la IA está optimizando el trabajo técnico de escritorio, no el núcleo operativo de planta.
 
Hoy mejora la eficiencia individual. No está rediseñando procesos.
 
 

La usamos como “Buscador de Google avanzado”

 
Casi el 70 % de los encuestados señala que la mayor mejora está en la búsqueda de información técnica y normativa. Más del 55 % destaca la redacción de informes y memorias.
 
Sin embargo, apenas en torno al 20 % percibe mejoras claras en análisis de datos, cálculos o modelización.
 
Aquí está el punto incómodo: una parte relevante del sector está utilizando la IA principalmente como el buscador clásico de Google, pero más cómodo. En lugar de abrir múltiples enlaces y sintetizar manualmente, ahora recibimos la información estructurada y redactada.
 
Eso ahorra tiempo y reduce fricción. Pero todavía no supone integración profunda en la toma de decisiones técnicas complejas.
 
Estamos explotando la capa superficial de la tecnología, no su potencial estructural.
 
 

El freno principal es la confianza

 
Este contexto no es teórico. Hace unos meses, un colega del sector al que respeto especialmente me confesaba que no imaginaba de qué forma podría utilizar la inteligencia artificial en su trabajo diario.
 
No se trataba de rechazo ni escepticismo. Era, simplemente, la dificultad de visualizar aplicaciones reales en un entorno técnico y específico como el nuestro.
 
Más del 40 % identifica la falta de confianza en los resultados como la principal barrera para un mayor uso. A esto se suma la falta de formación práctica aplicada al día a día.
 
No se trata de rechazo cultural. Se trata de responsabilidad técnica.
 
En un sector regulado, crítico y con impacto ambiental directo, nadie va a delegar decisiones complejas sin validación sólida. Y eso es una buena noticia.
 
 

La fotografía actual

 
 
La IA está aportando eficiencia incremental en tareas de soporte técnico. No está transformando todavía el corazón operativo del sector del agua.
 
Ni revolución total, ni moda pasajera.
 
Estamos en una fase de adopción prudente y funcional.
 
 

La advertencia estratégica

 
Puede que hoy la IA se perciba como una herramienta útil pero no imprescindible. Exactamente igual que los ordenadores en sus primeras etapas.
 
Con el tiempo dejaron de ser una ventaja diferencial para convertirse en una competencia básica incuestionable.
 
 
La pregunta no es si la IA sustituirá a los profesionales del agua. La pregunta es si, dentro de unos años, el profesional que no sepa integrarla con criterio quedará en desventaja competitiva.
 
La comunidad Walebuble ha mostrado algo muy positivo: existe interés real, se reconocen las limitaciones actuales y hay voluntad de avanzar con criterio.
 
El siguiente salto no será tecnológico, será competencial. No dependerá tanto de que la herramienta mejore, que lo seguirá haciendo y además simplificando su uso, sino de que sepamos integrarla con rigor en nuestra práctica profesional.
 
Y esa transición, como ocurrió con los ordenadores, no será opcional para quien quiera mantenerse competitivo en el sector.
 
 
 
Hector Rey
 

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