Especies invasoras, el CAMALOTE a su paso por las Vegas Bajas del Guadiana - Pedro M. de la Vega Manzano

Especies invasoras, el CAMALOTE a su paso por las Vegas Bajas del Guadiana

17/10/2017

Especies invasoras, el CAMALOTE a su paso por las Vegas Bajas del Guadiana


Pedro M. de la Vega Manzano

Pedro M. de la Vega Manzano

  • Doctor Ingeniero Industrial
  • Investigador de la Universidad de Extremadura
  • Responsable del Laboratorio de I+D+i de PROMEDIO


 
"Es cuestión de sentarse a pensar, y son muchas las acciones que pueden contribuir a atajar el problema que vive nuestro cauce, y por supuesto, surgirán muchas más si se genera un debate, puesto que el momento de trabajar por resolver la invasión de Camalote no puede esperar mucho más"
 
Como pacense, no deja de dolerme mirar al rio que atraviesa mi ciudad mientras recorro sus cauces y observar y palpar los efectos que la especie comúnmente denominada Camalote (Eichhornia crassipes) está teniendo. Mi experiencia como investigador asociado al ciclo del agua me lleva a reflexionar diariamente como solucionarlo, o como paliarlo, o simplemente, como poner mi granito de arena, siendo las preguntas que suelo repasar una y otra vez las que a continuación y siempre en mi opinión intento poner de manifiesto. Preguntas que, como artículo de opinión, comparto con objeto de ampliar las respuestas y llevar a buen término la recuperación de un ecosistema acuático que a día de hoy se encuentra deteriorado y exhausto.
 

 La primera de ellas: “¿Qué sabemos de Eichhornia crasspies “Camalote”?”

 
Se trata de un macrófito flotante original de América del Sur, ampliamente extendido a día de hoy en un total de 50 países. Dicha planta de origen tropical posee una gran capacidad de colonización de ecosistemas acuáticos con una alta tasa de crecimiento que le permite, en condiciones favorables, duplicar su densidad en tan solo 6-12 días. Forma densas masas que no se limitan únicamente a cubrir la superficie acuosa sino que generan un red sub-acuática con capacidad para afectar los flujos de agua, modificar los ecosistemas acuáticos e incluso afectar a los sistemas de bombeo. Igualmente, su masa superficial genera eutrofización, dificulta el paso de botes, incrementa la humedad relativa en el ambiente por la alta evapotranspiración, favorece la proliferación de plagas de insectos e igualmente afectan a la biodiversidad.
 
E. crassipes crece por norma en sistemas con profundidades entre 0,5 y 1 metro, colonizando lagunas, humedales y cauces de ríos con gran facilidad.  Sus hojas son redondeadas, de entre 10-20 cm de diámetro, gruesas de aspecto ovalado con una textura brillantes y cerosa, apoyadas sobre el tallo que se encuentra sumergido en el agua. Los nervios foliares son densos y muy numerosos generando una masa superficial de gran resistencia. A la par, está provisto de abundantes espolones, que por norma forman un ángulo de 60 grados con la horizontal, los cuales emiten raíces fasciculadas de entre 6 y 30 cm de longitud en los nudos, favoreciendo que genere una red sub-acuática de alta densidad. Florece de marzo a julio, de forma q cada espiga asociada a un individuo puede generar de 4 a 25 flores y se reproduce tanto por semilla como asexsualmente, es decir, por fragmentación de sus espolones, si bien su capacidad de colonización se asocia a la reproducción por semillas, ya que las mismas pueden conservar su capacidad de germinación de 5 a 20 años.
 
Con respecto a su hábitat, como planta macrófita, es acuático con una parte de la misma atmosférica, tiene capacidad para soportar altas temperaturas del agua, de hasta 35 ºC, e igualmente, se adapta a las variaciones de temperaturas, demostrándose que en aquellos casos en los que forma una masa sólida, puede soportar temperaturas de hasta 4 ºC. Si bien, la capacidad de su masa superficial para aguantar variaciones de temperatura atmosférica es aún superior. Con respecto a la alcalinidad o acidez del agua, presenta robustez ante un amplio rango de pH, estando su estado óptimo de crecimiento ante pH neutro. Finalmente, con respecto a la disposición de nutrientes en su hábitat, requiere Nitrógeno y Fósforo para su crecimiento, si bien, su factor limitante lo presenta en valores de Calcio, siendo el rango limitante de dicho elemento tan bajo que cualquier masa agua superficial difícilmente lo presentará. Por tanto, su adaptabilidad con respecto a nutrientes es muy amplia, estando su máxima capacidad de reproducción en altos valores de nitrógeno (> 20 mg/l N) en cualquiera de sus formas, siendo la forma óptima de nitrógeno a emplear por dicha especie el nitrato, reduciéndose su capacidad de reproducción y de expansión a medida que el nitrato en el agua desaparece.  Finalmente, posee una alta capacidad de adaptación a la luminosidad.
 
Por tanto, queda patente, que dicha especie, usada inicialmente como planta ornamental, posee un nivel de adaptación al medio que ni el mismísimo Darwin podría haber vislumbrado, de forma que supone un fuerte riesgo para los ecosistemas cálidos en los que se están transformando los ecosistemas del Guadiana a día de hoy y los ecosistemas acuáticos europeos que están viendo como sus temperaturas se van incrementando año tras año.
 
Dichos efectos, constatados mediante informes técnicos y científicos, llevaron a la Unión Europea (UE) a declarar al “Camalote” en agosto de 2016 como especie invasora de interés para la UE, (de acuerdo al artículo 4, apartado 3 del reglamento nº 1143/2014 sobre prevención y gestión de la introducción de especies exóticas invasoras), si bien en 2008 ya se puede encontrar a E. crassipes en la base de datos internacional sobre especies invasoras (“Global Invasive Species Database”). Dicha declaración va acompañada de un análisis de riesgo, tal como exige el artículo 5 el citado reglamento, en el que expertos de la UE están centrado el interés en que dicha especie, por su capacidad para soportar bajas temperatura y en base a los efectos de cambio climático que está aportando calidez a los ecosistemas del norte de Europa, pueda conducir a la expansión y colonización de países que aún no sufren sus efectos. Y en aquellos que los sufren a día de hoy, coincidentes principalmente con los países del oeste Mediterráneo y Portugal, se pone de manifiesto que dicho cambio climático puede agravar de forma significativa los efectos adversos que ya son palpables, uniendo a dicho análisis de riesgo la problemática de alta contaminación de masas de agua por nitratos que presentan los países afectados por la invasión de esta especie. Esta preocupación nace de haberse detectado E. crassipes en 5 países de la Unión en 2009, estando en la actualidad presente en un total de 13 países.
 
Si bien, a nivel europeo es palpable la problemática de colonización, descendiendo de escala, dicha problemática a nivel regional es de urgencia, y en concreto a nivel del paso del río Guadiana por las Vegas Bajas de la provincia pacense, los efectos de invasión no son palpables, son preocupantes, de ahí que se trate de un problema a abordar
 

La segunda pregunta: ¿Qué sabemos del Guadiana a su paso por las Vegas Bajas?

 
Ya ha quedado de manifiesto la alta capacidad de adaptación de la especie que ocupa la presente opinión, al igual que ha quedado de manifiesto el incremento de temperatura de las masas de agua, lo cual es evidente en la Cuenca del Guadiana a día de hoy y en la totalidad del territorio nacional, puesto que vivimos un verano que ya se extiende hasta octubre, si bien, parece que aquello que hace más vulnerable a las cuencas es la contaminación por nutrientes, por tanto, resulta interesante centrar la pregunta en aquello que sabemos sobre nutrientes y en especial, en lo que respecta al nitrato como base de crecimiento del “Camalote”.
 
De esta forma, según el Plan Hidrológico de la Cuenca del Guadiana 2016-2021, La zona de las Vegas Bajas de dicha cuenca, con un total de 510,39 km2, es zona vulnerable a la contaminación por nitratos, declarada en 2003 bajo el marco normativo que establece la Directiva Europea 91/676 que queda incorporada al ordenamiento jurídico español mediante el RD 261/1996.
 
Es decir, son 14 años de declaración como zona vulnerable, en la que en base a los datos arrojados por las estaciones de control en dicha área, se han observado puntos de contaminación por nitratos por encima del valor normativo de 50 mg/l desde 1990, con valores máximos de hasta 150 mg/l de nitratos. Es decir, valores más que óptimos para un crecimiento explosivo de E. crassipes. Si bien, si es cierto que la tendencia de la última década en lo que a nitratos se refiere es descendente.
 
Entonces, cabe preguntarse cuales son las principales fuentes de nitratos, siendo esta respuesta realmente sencilla, los afluentes de nitratos a la cuenca se encuentran en la salidas de las estaciones depuradoras y en la escorrentía y lixiviación de nitratos procedentes de la agricultura. De esta forma, el descenso en la tendencia de nitratos en las masas de agua superficiales se debe, por un lado a la ligera disminución, en torno a un 6% según datos de la UE, de los fertilizantes con base de nitrógeno observada en 2010, y por otro lado, constituyendo el principal descenso, a la declaración de zonas sensibles de nuestras masas de agua y en la adaptación de las estaciones de depuración a reducir nitratos en base a dicha declaración, lo cual se ha visto fuertemente reforzado en la última década, observándose mejoras en los rendimientos de nitratos en las EDAR correspondientes a las Vegas Bajas de hasta un 70%.
 
Si bien, la reducción del nivel de nitratos en lo que a las estaciones depuradoras hace referencia es constante y los esfuerzos de las administraciones con competencias para mantener la presión en dicha reducción y controlar estos valores son eficientes, es preciso, prestar especial interés a la segunda fuente, y esta es  la agricultura, puesto que suponen a día de hoy el mayor foco de dicho nutriente.
 
De esta forma, cabe concluir que la Cuenca del Guadiana y en concreto su área de las Vega Bajas supone un caldo de cultivo óptimo para el crecimiento y expansión del “Camalote”, siendo los factores tanto de carácter ambiental, incremento de temperatura del agua acompañada de descenso del nivel del cauce, de carácter urbano e industrial, por el vertido de nitratos a las masas de agua y finalmente de carácter agrícola, por el aporte de nitratos por escorrentía y lixiviación.
 

Entramos ya en la tercera pregunta y encaminada a las acciones que se están desarrollando: ¿Qué acciones se han llevado a cabo?

 
A día de hoy, los esfuerzos se han centrado en erradicar al macrófito, obviando recuperar el hábitat y favorecer así que la eliminación mecánica que se está llevando a cabo sea más efectiva, puesto que ya sabemos la alta capacidad de germinación de sus semillas y la dificultad de su erradicación completa.
 
Dichos esfuerzos mecánicos se han recogido en un Plan Integrado para la Lucha y Control del Jacinto de Agua desarrollado en la Cuenca del Guadiana, en el que se han empleado segadoras acuáticas montadas en embarcaciones, si bien, ha resultado poco efectivo con vista a una eliminación futura, ya que principalmente tiene acción inmediata al abrir canales de paso, pero en su proceso no solo arrastra al resto de flora acuática, sino que mantiene las semillas, por tanto, la re-colonización tiene lugar en tan solo 6-12 días, palpable en la actualidad. Se han empleado barreras flotantes para la contención de las masas, con efectos poco notables, y finalmente, se han llevado a cabo recogida manual en las orillas, en este caso por asociaciones a favor de la recuperación del hábitat, en los que quizás los esfuerzos con respecto a la contención de la planta son mínimos, pero el efecto sobre la concienciación es máximo, aspecto que se está descuidando, puesto que es preciso conocer el problema para poder afrontarlo.
 
Aunque en mi caso no tengo constancia de aplicación de herbicidas, no resulta un método óptimo, simplemente por el efecto en el resto de flora, ya que en altas temperaturas la translocación, es decir, la dispersión, es muy alta, y por tanto el efecto concentrado sobre E. crassipes se vería reducido, así como la muerte y descomposición de la planta originaría la desoxigenación de la masa y por tanto aumentaría la septicidad de la cuenca. Si bien, si existen herbicidas efectivos probados y estudiando con efectividad ante esta especie. Entre ellos se conoce: el glifosato (en concentraciones de 2 kg/ha), con capacidad para erradicar la planta en 8 semanas, y de mayor eficiencia, el conocido como 24-D (aplicado en concentraciones de 1-2 kg/ha), más selectivo que el anterior y menos dañino para la flora acuática restante, pero con posible toxicidad para aves, de ahí que se recomiende usarlo en su formulación salina.
 
Otras acciones que se conocen es la competencia biológica, es decir, hacer frente con especies que compitan con el Camalote, si bien, en este caso la bibliografía es poco extensa y no se dan resultados acreditados.
 

Bien, la siguiente pregunta viene a formularse sola: ¿Qué acciones pueden llevarse a cabo?

 
En este punto es claro que las acciones mecánicas pueden ser eficientes a corto plazo y en zonas no masificadas y completamente colonizadas por la especie, es decir, no acaban de resolver el problema. De forma que es importante no engañarse, la especie no va a desaparecer de la noche a la mañana, y más lejos aún, hay que proteger el hábitat para evitar que en el caso de reducir la densidad de Camalote, no vuelva a colonizar. Por tanto, es imprescindible pensar de forma global que opciones se pueden llevar a cabo, de forma que sería conveniente reformular la pregunta de la siguiente manera ¿Y por qué no en lugar de atacar la especie directamente, actuamos sobre el hábitat para reducir la capacidad de re-colonización y hacer descender la tasa de reproducción?
 
Es evidente que el cambio climático requiere acciones que se escapan del objetivo del presente artículo de opinión. Por tanto resulta importante centrarse en el nivel de nutrientes de agua, en concreto de nitratos. Reducir el contenido en nutrientes permitirá reducir la tasa de reproducción de E. crassipes, y atacarlo con medio mecánicos de forma eficiente. Si bien, no es un tarea fácil, ya se ha comentado que de las dos fuentes de nitratos, la depuración de aguas está controlada y mejorada, si bien, se puede trabajar en las pequeñas poblaciones que aún no cuentan con depuración. Por tanto queda trabajar la segunda fuente, la agricultura, que para el caso de las Vegas Bajas, y para Badajoz, como la provincia más extensa de España, tiene como punto crítico detectar las fuentes difusas y trabajar en la concienciación de administraciones y agricultores, acciones que no serán sencillas, pero que pueden centrarse en:
 
  • Incrementar los puntos de control de nutrientes en la cuenca, detectando los focos y centrando las actuaciones sobre ellos., tanto desde el punto de vista de la agricultura como de la depuración de aguas.
     
  • Controlar el almacenamiento de estiércol y la lixiviación de purines, de forma sostenible. Existen experiencias muy positivas sobre la digestión anaerobia de los mismos con sostenibilidad energética del proceso.
     
  • Elaborar un plan de gestión de fertilización con nitrógeno, y ya en faena, incluir fósforo. Optimizando las cantidades aplicadas de forma local, prestando apoyo de las administraciones para caracterización local de suelos y aplicación correcta de la carga fertilizante.
     
  • Uso de cultivos de cobertura que permitir reducir la lixiviación y escorrentía del nitrato.
     
  • Desarrollo de sistemas agroforestales que permitan captar nutrientes por los sistemas radiculares.
     
  • Uso de tecnología de riego por goteo.
     
  • Acciones de sensibilización con agricultores, llevadas a cabo por las administraciones regionales, mostrando apoyo y colaboración, e incluyendo a plataformas ciudadanas.
 
Es cuestión de sentarse a pensar, y son muchas las acciones que pueden contribuir a atajar el problema que vive nuestro cauce, y por supuesto, surgirán muchas más si se genera un debate, puesto que el momento de trabajar por resolver la invasión de Camalote no puede esperar mucho más.

 

Finalmente, ¿Qué conclusión podemos sacar?

 
Es fácil, hay que tener miras amplias y por supuesto, el éxito de la recuperación de nuestro cauce no puede recaer solo en las administraciones con competencias hidráulicas, sino que es preciso que se impliquen el resto de administraciones regionales, nacionales, e incluso europeas, centros de investigación y por supuesto, las plataformas ciudadanas que cada día se preocupan por recuperar las márgenes del Guadiana que tanta vida aportan a la Provincia y a la Comunidad, sin olvidar que la agricultura no tiene porque ser el problema, sino que puede ser la solución, buscando su sostenibilidad.
 
 

Pedro Martin de la Vega Manzano

 

 


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11/09/2018
Carlos López escribió:
Estupendo artículo Pedro, pone en evidencia la complejidad que ha adquirido el problema del camalote, además de que las actuaciones llevadas a cabo basadas en la extracción masiva, se pueden considerar inútiles a la par que costosas.
Hemos llegado a esta situación grave e insostenible, que amenaza de muerte el tramo extremeño del río Guadiana, entre otras cosas, por el modelo de gestión, por la defensa y casi secuestro que tiene el Estado sobre las cuencas intercomunitarias extralimitándose en la aplicación del principio de unidad de cuenca, ejerciendo un derecho de veto y prohibición sobre cualquier iniciativa que pueda poner en peligro su hegemonía sobre el gobierno del río.
Si se hubiera formado un grupo multidisciplinar, técnico, y con participación activa, y económica de todas las de administraciones, tratando esto como el problema que se nos venía encima, máxime tras los primeros fracasos de la extracción, allá por los años 2005/6, otro gallo nos hubiera cantado. Todavía están a tiempo.
18/10/2017
Antonio González escribió:
Buenas reflexiones Pedro, está claro que es un asunto complejo, y que la multitud de factores implicados nos deben hacer pensar que el "camalote" ha llegado para quedarse, ahora bien... una gestión adecuada y suficiente debe permitir "controlarlo" y determinar la forma en la que debamos convivir.

El factor "nutrientes" es básico en la gestión de su evolución, las EDAR al ser infraestructuras "controlables" permiten que se pueda actuar adecuadamente sobre la tecnología existente o la que se debiera implementar y sobre el nivel de rendimiento que se quiera llegar a obtener y con ello reducir el impacto que su aporte de nitrógeno/fósforo al medio supone.
El siguiente aspecto es la contaminación difusa proveniente de la agricultura, las buenas prácticas son fundamentales, por lo que concienciar y formar a los profesionales de la agricultura es vital, tanto en el efecto del lixiviado desde los terrenos de cultivo, como actuar sobre los retornos de riego, factor sobre el que se podrían plantear actuaciones que permitan la "minimización" de nutrientes al cauce, tanto por la reducción de: volúmenes generados, concentración de nutrientes en los mismos, como por tratamientos previos a la descarga al cauce.
Y desde luego las actuaciones de recogida de la masa vegetal sobre el cauce debe ser acometida de manera intensa en la época aún de poco desarrollo antes del comienzo del nuevo ciclo vegetativo, ya que una vez extendido en la época estival... es más costoso acometer su retirada.
La aplicación de herbicidas... un asunto "delicado" tanto por los efectos "colaterales" como por la repercusión que esto supone entre la ciudadanía más concienciada...

Así que la actuación sobre los nutrientes, y nuestra capacidad para "cortar la gasolina al motor"... debería ser de las que mejor rendimiento debería aportar, además... pensemos que buena parte de esa estrategia se basa en la optimización de procesos: producción agrícola, depuración, gestión de recursos, lo que debe considerarse como un beneficio en los costes de los mismos, y una mayor sostenibilidad del conjunto.