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La IA no tiene sed de agua potable

11/02/2026

La IA no tiene sed de agua potable


Héctor Rey Gosálbez

Héctor Rey Gosálbez

  • Ingeniero Químico
  • Especialista de proceso 
  • Responsable del Área de Modelado y Simulación en EDAR de Walebublé

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"El debate no debería ser si la IA consume agua, porque la respuesta es evidente. La cuestión relevante es qué tipo de agua consume, cómo se gestiona ese consumo y si somos capaces de convertir esa demanda en una palanca para modernizar el sector del agua en su conjunto"
 
 

Centros de datos, IA y agua, del alarmismo a una oportunidad para el sector de la depuración

 
En los últimos meses se ha extendido con rapidez un discurso muy crítico, y en muchos casos abiertamente alarmista, sobre el impacto de los centros de datos y la inteligencia artificial en los recursos hídricos. Titulares, artículos de opinión y debates públicos tienden a presentar estas infraestructuras como una nueva amenaza para un recurso ya de por sí escaso, especialmente en regiones con estrés hídrico estructural.
 
El argumento suele repetirse con pocas variaciones, la IA consume enormes cantidades de energía, genera grandes cargas térmicas y, como consecuencia, requiere grandes volúmenes de agua para su refrigeración. A partir de ahí, la conclusión es inmediata, los centros de datos “compiten” por el agua con usos prioritarios y representan un modelo insostenible.
 
El planteamiento, sin embargo, es incompleto.
 
No porque el problema no exista, sino porque se está analizando desde una óptica simplificada que ignora diferencias clave respecto a otros grandes consumidores de agua.
 
 

El consumo existe, pero no es homogéneo

 
Es innegable que el auge de la IA, el cloud computing y el procesamiento de datos a gran escala está incrementando el consumo industrial de agua. Grandes operadores tecnológicos han reconocido aumentos significativos de su huella hídrica en los últimos años, y algunos proyectos de centros de datos ya han generado tensiones locales en zonas con recursos limitados.
 
Negar esta realidad no tiene sentido. El debate sobre energía, refrigeración y agua es necesario y debe abordarse con datos, planificación y visión a largo plazo.
 
Ahora bien, asumir que este consumo es equivalente, en calidad y en impacto, al consumo doméstico, agrícola o industrial clásico es un error conceptual importante.
 
 

La diferencia clave, la calidad del agua

 
A diferencia de otros grandes usuarios, los centros de datos no requieren necesariamente agua potable ni de alta calidad ambiental para la mayor parte de sus necesidades hídricas. Desde un punto de vista técnico, la refrigeración de servidores es un uso altamente flexible en cuanto a calidad del agua, siempre que se controle adecuadamente la corrosión, incrustación, ensuciamiento y estabilidad del sistema.
 
Esto abre la puerta al uso sistemático de recursos hídricos no convencionales, como:
 
  • Aguas regeneradas procedentes de EDAR,
     
  • efluentes industriales tratados,
     
  • aguas salobres,
     
  • corrientes residuales de baja calidad sin uso competitivo real.
     
Mientras que el consumo doméstico o agrícola compite directamente por agua de buena calidad, los centros de datos pueden, si se diseñan correctamente, desacoplar su demanda hídrica de los recursos más sensibles y demandados, reduciendo la presión sobre masas de agua destinadas a abastecimiento o riego.
 
 

Capacidad de inversión y seguridad de suministro

 
El uso de este tipo de aguas no es inmediato ni trivial. Requiere esquemas de tratamiento avanzados, alta fiabilidad operativa y control continuo de parámetros críticos. Sin embargo, aquí aparece otro elemento diferencial.
 
Los centros de datos son infraestructuras estratégicas de alto valor económico y tecnológico, para las que la seguridad de suministro es un factor crítico. Esto hace que sea técnica y económicamente viable invertir en tratamientos de alto coste, como:
 
  • Esquemas de reutilización avanzada,
     
  • combinaciones MBR, UF y ósmosis inversa,
     
  • tratamientos específicos para control de sílice, sales o contaminantes traza,
     
  • sistemas redundantes y de alta disponibilidad,
     
  • monitorización en línea y control automatizado en tiempo real.
     
Lo que en otros sectores resulta difícil de justificar económicamente, en este contexto pasa a ser una inversión asumible y racional.
 

Un acelerador tecnológico para la depuración y la reutilización

 
Aquí es donde aparece una oportunidad poco explorada, el papel de los centros de datos como aceleradores tecnológicos del sector de la depuración y la reutilización de agua.
 
Estas instalaciones operan bajo requisitos extremadamente exigentes en términos de continuidad de servicio, estabilidad de calidad y trazabilidad. Esto obliga a desarrollar sistemas de tratamiento capaces de producir agua regenerada con calidad constante, predecible y controlada, incluso cuando la calidad del afluente es variable. Justamente uno de los grandes retos históricos de la reutilización.
 
La demanda asociada a los centros de datos crea un entorno ideal para:
 
  • Desplegar tecnologías avanzadas a escala real,
     
  • validar soluciones de reutilización intensiva,
     
  • integrar digitalización, sensórica avanzada y control predictivo,
     
  • cerrar ciclos de agua con tasas de reutilización muy elevadas.
     
En este contexto, los centros de datos pueden desempeñar el papel de usuarios pioneros, facilitando la implantación y validación a escala real de tecnologías que posteriormente pueden extenderse a EDAR municipales, instalaciones industriales o esquemas de reutilización indirecta.
 
Lejos de limitar el desarrollo del sector, la demanda asociada a la IA puede actuar como palanca para la innovación en depuración, elevando el estándar tecnológico global.

 

De la demonización a la planificación hídrica inteligente

 
El riesgo real no es la existencia de centros de datos, sino su implantación sin planificación hídrica, recurriendo por defecto a agua potable por comodidad administrativa o falta de visión estratégica.
 
Plantear la IA como una amenaza inevitable para los recursos hídricos es una visión defensiva y poco productiva. Plantearla como una oportunidad para evolucionar hacia modelos de gestión basados en reutilización, circularidad y calidad ajustada al uso es una aproximación mucho más madura.
 
En este contexto, los centros de datos no tienen por qué ser solo grandes consumidores. Bien diseñados e integrados en la planificación territorial, pueden convertirse en impulsores de una nueva generación de infraestructuras de depuración y reutilización, precisamente en un momento en el que el sector del agua necesita dar un salto tecnológico para afrontar escenarios de escasez estructural.
 
 
 
El debate no debería ser si la IA consume agua, porque la respuesta es evidente. La cuestión relevante es qué tipo de agua consume, cómo se gestiona ese consumo y si somos capaces de convertir esa demanda en una palanca para modernizar el sector del agua en su conjunto.
 
 
 
Hector Rey Gosálbez
 

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