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Los datos no son petróleo, sino agua: ¿sabemos gestionarlos para ser más sostenibles?

22/11/2022

Los datos no son petróleo, sino agua: ¿sabemos gestionarlos para ser más sostenibles?


Cristina Carrera Martínez

Cristina Carrera Martínez

  • Responsable de Utilities & AEC de Esri España

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"Solemos decir que los datos son el nuevo petróleo, pero se parecen más al agua, pues son tan ubicuos y esenciales como esta..."
 
Desde los primeros asentamientos hasta las más modernas ciudades, el agua ha sido un recurso fundamental que hemos tenido que aprender a gestionar un poco mejor cada día. Desde acueductos a alcantarillados, a lo largo de la historia se han producido avances tecnológicos de gran impacto que han supuesto cambios paradigmáticos. La analítica de datos es, sin duda, uno de ellos.
 
Solemos decir que los datos son el nuevo petróleo, pero se parecen más al agua, pues son tan ubicuos y esenciales como esta. Y, admitámoslo, estamos viviendo una inundación, durante las cuales, lo primero que echamos en falta es agua potable. En el caso de los datos, información activable y útil, más allá del ruido, que se transforme en acciones.
 
Hay muchas cosas que nuestros ojos se pierden… por suerte para nuestro cerebro. Si nuestro acceso al espectro electromagnético no estuviera acotado, viviríamos inundados de tal cantidad de información que no podríamos procesarla. No obstante, hemos desarrollado tecnologías fascinantes que suplen nuestras limitaciones. Por ejemplo, bajo nuestras ciudades existen millones de datos que pasan inadvertidos, pero que son clave para correcta gestión del agua.
 

Lo que el ojo no ve, la tecnología lo captura

 
En ocasiones, lo que no vemos es más importante que lo que sí vemos. Cuando se trata de gestión del agua, los casos son numerosos. Por ejemplo, cuando se producen riadas por una red de alcantarillado en mal estado durante unas lluvias torrenciales, o cuando una empresa de mantenimiento, al acometer algún tipo de obra pública, ha provocado un corte de suministro de internet o de electricidad al llevarse por delante alguna canalización.
 
Estas situaciones no son aleatorias: se producen por una razón que se puede descubrir y evitar. Para ello, la sensorización y el análisis de datos geográficos son la clave. Solo así podremos aprovechar la ingente cantidad de datos que ya existen, pero que obviamos.
 
¿Cuál es el problema? Que este valioso patrimonio – los datos – no se comparten siempre. En muchos casos, es información aislada, solo disponible en sistemas estancos. En el sector de las telecomunicaciones sucede algo similar: los proveedores de conectividad tienen perfectamente mapeados sus activos porque es esencial para su negocio, pero en muchas ocasiones la información no trasciende más allá de sus fronteras, limitando su impacto.
 

Digitalizar (y compartir) el ciclo del agua hoy para mejorar el mañana

 
Para solucionar este problema y, por tanto, poder gestionar nuestros recursos hídricos más eficientemente, las plataformas tecnológicas de gestión de datos geográficos, también conocidos como sistemas de información geográfica (GIS, por sus siglas en inglés) son importantes. Es necesario que dichas plataformas actúen como nexo entre los datos y las personas.
 
Los informativos del verano de 2022 han estado repletos de titulares que incluían frases como “el más caluroso y seco desde que hay registros”. Además, según los datos del MITECO, los embalses peninsulares se encuentran al 32,2% de su capacidad, cifra que se aleja mucho de la media del 45,6% del decenio. En este contexto, debemos preguntarnos qué podemos mejorar para evitar desperdiciar un bien tan valioso como el agua, y la infraestructura en torno a ella.
 
Un buen punto de partida es la creación de un repositorio común para los datos subterráneos, los grandes olvidados. Cuando se habla de datos abiertos, muchas veces se ignoran los subterráneos y no existe una normativa específica que ayude a estandarizar cómo se comparte esta información entre AA.PP. y empresas.
 
En Reino Unido se ha producido un caso interesante al respecto con el lanzamiento del proyecto NUAR (National Underground Asset Register), que pretende resolver la situación, reduciendo accidentes y promoviendo una gestión más eficiente de los activos subterráneos. No es una cuestión menor: en el país existen 4 millones de kilómetros de tuberías y activos subterráneos similares y se producen 60.000 accidentes anuales relacionados con su mantenimiento. ¿El coste? 2.400 millones de libras, el equivalente al presupuesto de nuestro Ministerio de Sanidad.
 

Innovando en la dirección correcta

 
Por suerte, en España ya se están produciendo avances tecnológicos orientados a mejorar la gestión del agua. Es el caso del Canal de Isabel II, que aplica gemelos digitales para obtener una visión integral del ciclo del agua en toda su infraestructura dentro de la Comunidad de Madrid, registrando todos los datos al respecto para poder hacerlos públicos tanto a nivel interno de la organización como a colaboradores externos.
 
Dichos gemelos no solo nos ayudarán a ver mejor lo que el ojo pasa desapercibido, sino que nos permiten jugar con escenarios futuros, realizando proyecciones para poder anticiparnos a un futuro cada vez más incierto.
 
Las capacidades cada vez más avanzadas de este tipo de tecnologías nos permiten un respiro en este contexto, que exige de constante resolución de problemas. Solo de esta manera conseguiremos hacer un uso más eficiente de nuestro bien más valioso, el agua, a partir de otro no menos importante: los datos.
 
 
Cristina Carrera Martínez
 


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