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La borrasca Leonardo y el estrés hídrico: dos caras de un mismo desafío climático


09/02/2026

Sequía
La borrasca Leonardo y el estrés hídrico: dos caras de un  mismo desafío climático
 
  • La borrasca Leonardo refleja la creciente inestabilidad del ciclo del agua en un contexto de cambio climático
 
La sucesión de borrascas como Leonardo, con episodios de lluvias intensas y condiciones meteorológicas adversas en la península, y particularmente intensas en Andalucía, ha vuelto a situar el foco en un fenómeno que define el presente y el futuro del clima: la creciente inestabilidad del ciclo del agua. A primera vista, las precipitaciones abundantes pueden interpretarse como un alivio frente a la sequía y la escasez de recursos hídricos.
 
Sin embargo, cuando se analizan con mayor profundidad, estos episodios revelan una realidad compleja relacionada con el estrés hídrico y las lluvias extremas que forman parte de un mismo desafío: la adaptación al cambio y a la realidad climática.

La borrasca Leonardo forma parte de una tendencia marcada por el cambio climático, en la que los periodos secos son más frecuentes y prolongados; de la misma forma en que se suceden también con mayor frecuencia y virulencia los fenómenos meteorológicos extremos, como los que se viven estos días en la península.
 
Esta combinación incrementa los riesgos para las personas, las infraestructuras y los sistemas de abastecimiento.
 

Lluvias intensas en un contexto de escasez

 
La sucesión de borrascas y la particular virulencia de borrascas como Leonardo pone de manifiesto una paradoja cada vez más frecuente: llueve más en menos tiempo, a la par que el agua disponible no aumenta de forma proporcional. Y es que las precipitaciones intensas saturan el suelo, generan escorrentías rápidas y dificultan la recarga de acuíferos.
 
Gran parte del agua se pierde hacia el mar sin ser aprovechada, mientras los embalses y reservas subterráneas no siempre logran recuperar niveles óptimos.
 

Una expresión clara del cambio climático


La borrasca Leonardo es también una señal del impacto del calentamiento global en los patrones meteorológicos. El aumento de la temperatura atmosférica permite retener mayor cantidad de vapor de agua, lo que favorece lluvias más intensas cuando se producen las condiciones adecuadas.
 
Este fenómeno, ampliamente documentado por la comunidad científica, explica por qué los episodios extremos son cada vez más frecuentes y severos.
 
Al mismo tiempo, el aumento de las temperaturas incrementa la evaporación y la demanda de agua, agravando el estrés hídrico durante los periodos secos. De este modo, el cambio climático intensifica ambos extremos del ciclo: más sequía y más lluvias torrenciales, con menos capacidad de regulación natural entre ambos.
 

Riesgos asociados y necesidad de prudencia


Las lluvias intensas asociadas a la borrasca Leonardo no solo suponen un reto para la gestión del agua, sino también un riesgo directo para la seguridad. Inundaciones repentinas, crecidas de cauces, daños en infraestructuras y alteraciones en la calidad del agua son algunas de las consecuencias posibles de este tipo de temporales.

Ante estos escenarios, la prudencia es esencial. Atender los avisos meteorológicos mediante fuentes oficiales, evitar zonas inundables y seguir las recomendaciones de las autoridades forma parte de una respuesta responsable ante fenómenos que, previsiblemente, seguirán repitiéndose.
 
La precaución es esencial, especialmente en situaciones extremas como las que han llevado a desalojar a más de 3.000 personas residentes en zonas inundables en las provincias de Cádiz, Jaén, Málaga o Granada, suspender gran parte del tráfico ferroviario andaluz o cortes de carreteras.
 

Gestionar el agua en un clima más extremo


Leonardo pone de relieve la necesidad de adaptar la gestión hídrica a una realidad marcada por el estrés y la incertidumbre. Esto implica apostar por infraestructuras más resilientes, sistemas de drenaje y almacenamiento capaces de absorber lluvias intensas, y estrategias que favorezcan la recarga de acuíferos y la reutilización del agua.

Asimismo, la protección de los ecosistemas naturales resulta clave para amortiguar los efectos de las lluvias extremas y mejorar la capacidad del territorio para retener agua.
 

Fuente stepbywater.com


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