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¿Por qué la separación de hidrocarburos sigue siendo una pieza crítica de la industria?


16/06/2026

Equipos y soluciones
¿Por qué la separación de hidrocarburos sigue siendo una pieza crítica de la industria?
 
  • Los separadores de hidrocarburos de la marca Salher® protegen los recursos hídricos y minimizan el impacto ambiental en numerosos procesos industriales gracias a su avanzada tecnología de recuperación de aguas
 
En numerosos procesos industriales, desde la extracción de petróleo y el refinado de combustibles hasta el lavado de flotas o la operación de instalaciones productivas, el agua entra en contacto con hidrocarburos. Los separadores de hidrocarburos de la marca Salher® están instalados en todo el mundo para conseguir la máxima recuperación de aguas.
 
En las publicaciones especializadas del sector del agua, los sistemas de separación de hidrocarburos rara vez ocupan la portada. Sin embargo, estos equipos son esenciales para proteger los recursos hídricos, garantizar el cumplimiento normativo y minimizar el impacto ambiental de numerosas actividades industriales.
 

Los límites de aceites y grasas permitidos en los efluentes son cada vez más bajos

 
En la industria petrolera, el volumen de agua de producción tiende a incrementarse a medida que los yacimientos envejecen, lo que dificulta su tratamiento. Al mismo tiempo, los hidrocarburos presentes en este agua conservan un valor económico significativo, ya que pueden recuperarse y reincorporarse al proceso productivo en lugar de perderse como residuo.
 
Por ello, una gestión eficiente de la separación agua-hidrocarburo no solo contribuye a la protección ambiental y al cumplimiento normativo, sino que también genera un retorno económico al reducir pérdidas y recuperar producto aprovechable.
 
 

Del separador de hidrocarburos a los tratamientos por membrana

 
La separación de hidrocarburos del agua se realiza mediante un proceso escalonado para eliminar gotas de aceite de tamaño progresivamente menor. Este enfoque responde a un principio físico fundamental: el agua y los hidrocarburos poseen densidades diferentes y son inmiscibles, por lo que, bajo las condiciones adecuadas tienden naturalmente a separarse.
 
La primera etapa suele ser la separación por gravedad mediante equipos que eliminan los hidrocarburos libres aprovechando la diferencia de densidad entre el agua y el aceite. Para capturar gotas más pequeñas se emplean coalescedores de placas, que favorecen su unión en gotas de mayor tamaño y facilitan su separación.
 
Los sistemas de flotación por aire disuelto (DAF) eliminan gotas finas y sólidos en suspensión mediante microburbujas que los arrastran hasta la superficie. En aplicaciones con requisitos más exigentes de vertido o reutilización, los tratamientos por membrana, como la ultrafiltración o la nanofiltración, permiten retener hidrocarburos emulsionados y otras impurezas de pequeño tamaño.
 
Más que tecnologías alternativas, estas soluciones suelen combinarse en distintas etapas para maximizar la eficiencia del tratamiento y optimizar los costes de operación.
 

¿Qué ocurre cuando la separación de hidrocarburos falla?

 
Desde el punto de vista ambiental, los hidrocarburos reducen la oxigenación del agua, afectan a los ecosistemas acuáticos y pueden persistir durante años en sedimentos y cadenas tróficas. Además, algunos compuestos presentes en el petróleo son tóxicos e incluso cancerígenos, por lo que la contaminación de acuíferos o fuentes de agua supone también un riesgo para la salud pública.
 
A ello se suman las consecuencias regulatorias y reputacionales. Los vertidos fuera de norma pueden derivar en sanciones económicas, restricciones operativas, pérdida de permisos y un deterioro de la imagen corporativa.
 
Por último, el agua insuficientemente tratada favorece la corrosión, las incrustaciones y el ensuciamiento de equipos, aumentando los costes de mantenimiento y consumo energético. Además, cada litro de hidrocarburo que abandona la instalación con el agua tratada representa una pérdida económica. Por ello, una separación eficiente no solo protege el medio ambiente: también mejora la rentabilidad del proceso.
 

 

El mantenimiento garantiza el máximo rendimiento

 
Con el tiempo, los separadores acumulan lodos, los coalescedores pierden eficacia, las membranas se colmatan y los equipos mecánicos sufren desgaste. Como consecuencia, la calidad del agua tratada puede deteriorarse de forma gradual sin que resulte evidente a simple vista.
 
Por ello, el mantenimiento preventivo y el seguimiento continuo de parámetros operativos son esenciales. Las inspecciones periódicas, la limpieza programada y la sustitución de componentes antes de que fallen permiten evitar averías, reducir costes de operación y minimizar el riesgo de incumplimientos ambientales.
 
 
 

Fuente www.salher.com


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