Rafael Marín nos habla sobre la dimensión actual del problema de las toallitas húmedas, microplásticos y emergentes en las redes de saneamiento


01/07/2019

Rafael Marín nos habla sobre la dimensión actual del problema de las toallitas húmedas, microplásticos y emergentes en las redes de saneamiento

 

 
Rafael Marín Galvín, es Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Córdoba y actualmente ocupa el cargo de Jefe de Control de Calidad de EMACSA (Empresa Municipal de Aguas de Córdoba S.A.).
 
Es el actual Coordinador del Grupo de Trabajo de Inspección de Vertidos Industriales y Laboratorio de la Comisión V de AEAS y Coordinador del Grupo de Trabajo de Microplásticos de la Comisión II de AEAS, habiendo sido profesor de la Universidad de Córdoba, de la Escuela de Organización Industrial de Sevilla y actualmente docente en el Curso de Aguas Residuales del CEDEX. También ha sido Vicepresidente de la Asociación de Químicos de Andalucía y Vicedecano del Colegio de Químicos del Sur.
 
Director de varias Tesis Doctorales y autor de 9 libros y más de 250 artículos técnicos y comunicaciones de Congresos y Jornadas Técnicas, ha organizado varios cursos universitarios sobre tratamiento y depuración de aguas.
 
Rafael, como experto en el tema y verdadero conocedor de la problemática de los desechables en el saneamiento, principalmente las toallitas húmedas higiénicas, y relacionado con éstas, la de los microplásticos en las aguas, nos comenta en esta entrevista la verdadera dimensión de estos problemas.
 

 
 
Rafael, según tu experiencia, criterio, estudios realizados, etc., ¿cuál es la dimensión real del problema al que nos enfrentamos con el tema de las toallitas húmedas y elementos desechables que acaban en nuestra red de saneamiento?
 
Durante mucho tiempo se ha considerado que el desagüe y el alcantarillado podían recibir cualquier desecho líquido, e incluso pequeños elementos sólidos, a los que posteriormente se les perdía la pista y que llegaban a las depuradoras donde eran eliminados. Esto no es, así salvo con el papel higiénico, conformado por celulosa y con una alta biodegradabilidad y desagregación una vez usado.
 
En este sentido, cuantos más elementos con dificultad en su posterior depuración lleven las aguas residuales, más se obstaculizará la subsiguiente depuración en nuestras EDAR. Consiguientemente, la evacuación de toallitas húmedas y otros elementos sólidos no desagregables y desintegrables a nuestros alcantarillados (asimilados erróneamente al papel higiénico) ha supuesto graves problemas técnicos en las redes de saneamiento por atascos, malos olores, rotura de elementos de redes y de depuradoras, pero también por atascos en desagües domiciliarios con los problemas subsiguientes. Desde que el GT de Inspección de Vertidos y Laboratorio de la Comisión V de AEAS comenzó a alertar sobre las consecuencias negativas de estas prácticas de uso inadecuado de nuestros alcantarillados, ya en 2009, los ejemplos de descomunales atascos en diferentes alcantarillados de ciudades, tanto españolas como a escala internacional, están a la orden del día.
 
 
 
 
Piénsese que se ha valorado en torno a 2-5 euros por habitante y año, según saneamiento concreto, el sobrecoste que nos puede suponer a la comunidad echar directamente toallitas, compresas y otros elementos sólidos no desintegrables a nuestros alcantarillados. Además, el propio proceso depurador implica tener que aplicar diferentes medios tecnológicos para retirar del agua residual como sólidos más o menos degradados estos materiales, cuya forma idónea y lógica de gestión práctica debe ser la del desecho vía cubo de la basura. Además, no sólo hablamos de toallitas, sino también de bastoncillos, compresas, tampones, preservativos, pequeñas bolsas plásticas, filtros de cigarrillos, tapones de botellas y recipientes, etc.
 
La situación ideal, compartida por todos los gestores de saneamientos y por ambientalistas en general, es que cada residuo se gestione singularmente y de acuerdo a su tipología: el agua residual sólo debe contener las famosas tres “p” de los anglosajones, “pipí, popó y papel”.
 
Y una cuestión no menos importante: en muchas ocasiones el ciudadano no tiene información fidedigna y real sobre la peligrosidad de estos productos, etiquetados en muchas ocasiones como desechables directamente vía inodoro cuando en realidad no lo son. Esto es fruto, sin duda, de una mala información por desconocimiento o por negligencia, inserta en los envases de toallitas y similares.
 
 
En los últimos años, desde AEAS en colaboración entre otros con la OCU, habéis llevado a cabo varios estudios sobre la composición de estos productos, realizado ensayos de desintegración, rotura, biodegradabilidad, etc., ¿cuáles son las principales conclusiones que habéis obtenido de estos análisis en cuanto a su posible eliminación vía inodoro?
 
Afortunadamente he de decir que siempre hemos contado con la colaboración de OCU para situar el problema de los productos desechables vía inodoro en su justa medida.
 
Así, se han llevado a cabo muestreos aleatorios de toallitas y similares, directamente de las disponibles en el mercado, desde 2015, con la conclusión de que la gran mayoría de los elementos testados no eran desintegrables en el saneamiento, con lo cual, ni debieran tirarse por el inodoro ni deberían ir etiquetados en tal sentido.
 
 
 
 
Cualquier elemento susceptible de ser desechado directamente vía inodoro, se concluyó de estos estudios, tenía que cumplir una serie completa de apartados claros e inexcusables: estar exento de elementos plásticos (que los harían no biodegradables en las EDAR), ser fácilmente sedimentables, con poca capacidad de flotación y a su vez fácilmente desagregables por rotura  (al objeto de minimizar los atascos en las redes al reducirse el tamaño de los restos que llegasen a las EDAR o bombeos de las redes de saneamiento) y finalmente, con una razonable capacidad de biodegradación biológica para ser incorporados como sustratos de eficaz metabolización en las EDAR, sin un coste adicional excesivo cara a su depuración industrial.
 
 
 
 
 
Con estos resultados estuvimos en disposición de trasladar las evidencias anteriores a criterios técnicos objetivos que determinaran de una forma clara los criterios que debían cumplir toallitas y similares para ser desechables directamente vía inodoro sin una carga técnica y económica adicional para el gestor y el ciudadano.
 
 
En el pasado mes de abril, AEAS participó en Madrid en la presentación de la norma UNE sobre productos desechables por el inodoro, en la cual estuvieron ASPAPEL, STAMPA, AITEX, ADELMA, etc., ¿qué ventajas y beneficios nos puede traer la aprobación de esta norma UNE al sector del tratamiento del agua?
 
La primera gran ventaja, y no poca me atrevería a decir, es que ha sido una norma pionera a escala internacional, y dentro de ello en Europa, que se ocupa de fijar criterios técnicos objetivos para determinar qués productos que pueden desecharse directamente vía inodoro, con un comportamiento muy similar al del papel higiénico, es decir con una mínima agresión al saneamiento. Nos hemos adelantado a los esfuerzos internacionales vía ISO de generar un estándar para este tema, que están siendo infructuosos tras varios años de dedicación hasta la fecha.
 
Por otro lado, la norma (denominada como UNE 149002) tiene la validez de concitar en su elaboración el consenso entre los diferentes actores implicados en este campo: elaboradores de productos base (papeles higiénicos secos, húmedos y similares), empresas de manufactura de productos higiénicos finales (toallitas y otros), distribuidores así como los propios gestores de los saneamientos de aguas. Esta colaboración, en un tiempo muy corto –dos años- ha posibilitado elaborar y fijar cinco criterios de idoneidad útiles para calificar un producto como desechable directamente vía inodoro: que no contenga plástico, que no flote y que se desintegre fácilmente vía física
y vía biológica una vez evacuado al saneamiento.
 
 
 
 
Los criterios técnicos están apoyados en métodos analíticos claros derivados de las Guías Internacionales existentes (INDA, norteamericana, y EDANA, europea) y ya disponibles en varios laboratorios nacionales que pueden contrastar la norma aplicada a productos concretos.
 
Tener un estándar que pueda calificar claramente a un producto en función de su forma de desecho tras su uso, sin capacidad de equívoco, puede ser un plus importante cara al consumidor, preocupado cada vez más por la trascendencia ambiental de sus pautas de vida cotidianas. Y abundando en el tema, se está poniendo en marcha actualmente un estudio para testar productos de mercado en orden a su adecuación o no a los cinco criterios fijados en la norma.
 
 
Por parte de los fabricantes de estos productos, parece que cada vez hay más concienciación sobre este grave problema, hace unos días publicábamos la noticia “El Corte Inglés y AITEX organizan en Valencia la charla ADIÓS al monstruo de las cloacas” ¿crees que realmente son conscientes del verdadero problema que generan sus productos en la red de saneamiento y estaciones depuradoras?
 
Afortunadamente, el paradigma sobre el respeto y la sostenibilidad ambiental está sobrepasando a las empresas y calando en hondura en el ciudadano, que ya se ha percatado de que, aparte de políticas de trazo grueso emanadas desde los gobiernos, su contribución es importante y mensurable a medio plazo para el medioambiente. Y si el ciudadano manifiesta por los cauces habituales de expresión su aprobación o rechazo a según qué productos, las empresas no podrán, incluso por pura supervivencia comercial, dejar de atender estas demandas.
 
Y respondiendo ya más específicamente a la pregunta: efectivamente las empresas fabricantes y distribuidoras de productos del tipo de toallitas y similares no pueden más que asumir algo tan evidente como que la gran mayoría de los residuos sólidos que atascan nuestros bombeos y nuestras depuradoras son toallitas no desechables (ricas en fibras plásticas, el 50% toallitas de bebé). Y que la presión social está haciendo que en algunos países se estén planteando demandas judiciales (EEUU) a los fabricantes de toallitas por los costes económicos, técnicos y ambientales derivados a los gestores de los saneamientos por la acumulación de estos productos en las redes, costes que a su vez son trasladados a los ciudadanos.
 
Además, citar también que el matiz de empresa comprometida con el medio ambiente que la producción de desechables ambientalmente sostenibles comporta, generaliza este comportamiento a muchas empresas.
 
 
Rafael y cuando ya teníamos controlado hasta cierto punto el problema de las toallitas húmedas, nos empezamos a encontrar con otro problema generado también por los productos de aseo personal, los microplásticos procedentes de las cremas exfoliantes, pastas dentífricas, etc., ¿qué opinas al respecto de esta nueva problemática que incluso el sector ya comienza a realizar jornadas técnicas al respecto?
 
Sí, y fijémonos cómo de interesante y preocupante es el tema, que se ha conformado un GT de Microplásticos en la Comisión II de AEAS, que me honro en coordinar, para investigar la presencia de estas fibras en las aguas y su incidencia tanto ambiental como sobre el ser humano, consecuencia de lo cual se desarrollará una Jornada Técnica sobre Microplásticos el próximo 02 de octubre dentro del marco de EFIAQUA en Valencia.
 
Para abrir boca, actualmente se cifran en más de 5 trillones de piezas de plástico las presentes en la superficie de los mares, con una masa de casi 270.000 millones de T, de los que unos 35.000 corresponden a microplásticos. Pero ¿qué son los microplásticos? Se trata de restos de plásticos con tamaño inferior a 5 mm, y de hasta 20 nm y más pequeños, que tienen dos procedencias: directa –microplásticos primarios- desde productos que los contienen (cosméticos, cepillos dentales, prendas de vestido sintéticas..) o indirecta –microplásticos secundarios- que se generan por degradación de otros elementos plásticos más grandes (bolsas, botellas, pinturas, neumáticos..) expuestos al medio (irradiación solar, temperatura, humedad, agentes microbiológicos..).
 
Se han llegado a encontrar microplásticos hasta en el Mar Ártico y a profundidades superiores a los 5.000 m, y también en aguas dulces de Europa, Norteamérica y Asia, cifrándose la acumulación de estas fibras mediante estudios estratigráficos, en torno a la década de 1970. Lógicamente, también se hallan en aguas residuales urbanas que los reciben, entre otros, de los referidos más arriba productos no desechables directamente vía inodoro cuando se degradan parcialmente en los saneamientos.
 
Por otro lado, la tipología de los microplásticos, cuya tasa de degradación puede ser de hasta cientos de años, es variada: polietileno, tereftalato de polietileno, policloruro de vinilo, polipropileno, policarbonato, poliestireno, acrilatos, poliuretano, etilvinilacedtato y poliamidas, entre otros. Su incidencia ambiental está comprobada generando problemas en la fauna y flora marina por obstrucciones estomacales, estrés adicional, e incluso toxicológicos, por los aditivos químicos que pueden contener –o incluso adsorber desde el medio-, y queda por estudiar y valorar la potencial incidencia sobre el ser humano, una de cuyas fuentes de ingreso en el organismo puede ser a través de la ingesta de aguas de consumo (también de cualquier producto en contacto con él, cosméticos, vestidos, incluso prótesis en el tratamiento de diversas lesiones).
 
Este tema se está estudiando seriamente, para lo que se ha de contar con técnicas de identificación y cuenteo de micropolásticos en aguas consensuadas por la comunidad internacional. No obstante, y para tranquilidad de todos, con los datos actuales, el agua de consumo es totalmente segura, y no hay evidencias de incidencia sanitaria sobre humanos: aún más, no existen normativas hasta la fecha que obliguen a la determinación de microplásticos en aguas. Y para finalizar, los sistemas de tratamiento existentes en nuestras ETAP son capaces de eliminar prácticamente todas las microcantidades de microplásticos que pudieran encontrarse en aguas prepotables.
 
 
Para finalizar Rafael, nuestras plantas depuradoras nacieron con el reto de eliminar materia orgánica, años después el reto fue la eliminación también de nutrientes y cada día tenemos más cerca la eliminación de contaminantes emergentes y prioritarios; fármacos, drogas, químicos, etc., ¿cómo crees que deberíamos enfrentarnos a este nuevo reto?
 
Sería iluso no considerar que tendremos que aplicar tecnologías avanzadas para lograr minimizar el contenido en sustancias de preocupación emergente en nuestras aguas residuales. Ultrafiltración, ósmosis inversa, técnicas de oxidación avanzada, ozonización, radiación ultravioleta.., se presentan como opciones ya desarrolladas y comercializadas que pueden sernos útiles. Pero, ojo, son tecnologías caras de implantación y mantenimiento, y el coste repercutirá en el ciudadano, que exigirá que se expliquen las inversiones y se cumplan los rendimientos previstos en las EDAR a los gestores de los saneamientos, a medida que la depuración del agua residual se haga más compleja y más cara.
 
Por otra parte, se ha complementar lo dicho más arriba con una política sensata y eficaz de control de contaminación en origen: llega un momento que no todo se puede depurar y no todo se puede eliminar del agua residual, puesto que los microcontaminantes se pueden acumular en los fangos de depuración y además generar rechazos de difícil gestión posterior. El control en origen será particularmente útil para limitar la emisión de contaminantes orgánicos de síntesis y plaguicidas (de amplio uso además de industrial, en el ámbito doméstico).
 
Y como suele decir un querido compañero del GT de Vertidos “la contaminación que mejor se depura es la que no llega al agua residual”: estamos abocados a una continua política de búsqueda e implementación en productos comerciales industriales y en los destinados al ciudadano, de preparados cada vez menos contaminantes, sustituyendo los más nocivos por otros más sostenibles, y esto a velocidad de crucero, sin eternizar productos en las formulaciones disponibles.
 
Otra cuestión preocupante: el consumo injustificable de fármacos y medicamentos tanto por humanos (600 T/año de antibióticos entre España, Reino Unido y Alemania) como los usados en veterinaria (45% del total). Esto se hace particularmente grave en España en donde el descontrol del acceso a medicamentos sin receta está ampliamente extendido, siendo uno de los países de la UE en que menos atención se presta a este tema.
 
Y qué decir de las drogas de abuso: existe una tendencia alcista en los últimos años manifestada, por ejemplo, en el aumento del orden del 50% del contenido en cocaína del agua residual de varias grandes ciudades europeas entre 2011 y 2018 (si bien los contenidos reales se mantienen en niveles muy bajos aún).
 
Pero, ya para acabar, todo lo dicho no debe hacernos olvidar de que aún en 2019 la depuración convencional de aguas residuales urbanas en España aún tiene carencias, como demuestran los expedientes sancionadores que debemos afrontar desde la Unión Europea por esta cuestión.
 
Y no quiero poner punto y final sin agradecer a AGUASRESIDUALES.INFO su deferencia al compartir conmigo estas reflexiones que me gustaría fuesen ilustrativas para el sector de la situación actual en que bajo mi opinión nos encontramos.
 
 
Rafael, muchas gracias por dedicarnos tu tiempo, ha sido un placer.

 

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Comentarios Publicar comentario
03/07/2019 Fernando desde AGUASRESIDUALES.INFO muchas gracias y esperamos poder entrevistarte muy pronto sobre algún tema de actualidad.

Un abrazo!!!
03/07/2019
Fernando S. Estévez escribió:
Excelente entrevista, muy completa y que aporta interesantes puntos de vista desde una perspectiva global para estos contaminantes. Felicidades para Aguasresidualesinfo, y para Rafa Marín, con impecables respuestas. Muchas gracias por compartirla.

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